Mi follada prohibida en la oficina con mi compañera

Estábamos solas en la oficina, tarde ya, revisando unos informes. Yo, Marta, secretaria jefa, y Ana, la nueva del marketing. Sus ojos se clavaban en mí cada dos por tres, eh… mientras apilábamos carpetas. Nuestras manos se rozaban al pasar papeles, un cosquilleo eléctrico subía por mi brazo. ‘¿Estás bien?’, le dije, notando su respiración agitada. Ella sonrió, mordiéndose el labio. ‘Sí, solo… calor’. Cerré la puerta del despacho con llave, el clic resonó. El espacio se volvió nuestro, privado. El aire olía a su perfume mezclado con café rancio. Me acerqué, nuestras rodillas se tocaron bajo la mesa. ‘Ana, ¿qué te pasa?’. Sacó su móvil, temblando. ‘Marga, mi ex… me ha escrito. Quiere regalarme algo pervertido’. Leí el chat: fotos de lencería, pinzas para pezones. Mi coño se mojó al instante. ‘Muéstrame más’, susurré. Intercambiamos miradas calientes, ella me envió una selfie con tetas al aire. ‘Joder, qué ricas’. Me bajé la blusa un poco, foto rápida. ‘Ahora tu coño’, me pidió. Dudé, eh… pero abrí las piernas, foto con falda subida, braguita húmeda. ‘Rásate, te quedaría perfecto’. Me toqué ahí mismo, sintiendo la humedad.

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De repente, Ana se levantó, fue al baño contiguo. Volvió con las bolas chinas de su bolso, las lamió despacio, saliva brillando. ‘Pruébalas, por favor’. Me las metió, glup, en mi chocho chorreante. ‘Ahh… joder’. Tiró de la cadenita, vibraciones intensas. Nos besamos, lenguas enredadas, sabor a menta y deseo. La tumbé sobre la mesa, papeles volando. Le arranqué la falda, coño peludo, jugoso. ‘Lame mi clítoris’, gimió. Me arrodillé, olía a sexo puro, salado. Abrí su concha con dedos, lengua plana lamiendo de abajo arriba, rozando el ano. ‘¡Sí, chúpame el culo!’. Mordisqueé sus labios mayores, succioné el botón hinchado. Sacó las bolas de mi coño con dientes, chorro de jugo en su cara. ‘Bebe todo’. La puse a cuatro patas, mesa crujiendo. Le metí dos dedos en el coño, pulgar en el culo apretado. ‘¡Fóllame más duro!’. Chupé sus tetas, pezones duros como piedras, pellizcándolos. Encontré unas pinzas de oficina, se las puse en los pezones. ‘¡Duele… pero qué rico!’. La follé con la lengua en el ano mientras agitaba las pinzas. Ella me giró, me abrió las nalgas, lengua en mi raja, lamiendo coño y culo. ‘Méteme la lengua profunda’. Gemí, temblando. Agarré un bolígrafo grueso del cajón, lo lamí, se lo clavé en el coño. ‘¡Más, joder!’. Sacó el boli, lo chupó cubierto de su lefa, me lo metió en el culo despacio. Orgasmos nos sacudieron, gritando ahogadas, cuerpos sudados pegados. Leche por todas partes, la limpié con la boca, compartiendo besos con nuestro sabor.

La tensión sube entre papeles y miradas

Jadeando, nos separamos. ‘Mierda, mira la hora’. Nos vestimos rápido, caras rojas, coños palpitando aún. Limpiamos la mesa con toallitas, papeles revueltos. ‘Como si nada’, dije riendo nerviosa. Ella asintió, ‘Nadie sabrá… pero repetimos’. Volvimos a los ordenadores, tecleando informes, piernas temblorosas. El jefe entró minutos después, ni idea. Adrenalina pura, coño goteando bajo la mesa. Joder, qué vicio el curro así.

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