Hoy en la oficina… uf, no sé por dónde empezar. Estaba en mi mesa, revisando unos informes, con esta falda ajustada que se me sube un poco cuando cruzo las piernas. Marco, el de contabilidad, no para de mirarme. Sus ojos bajan a mis muslos, eh… y yo le devuelvo la mirada, con una sonrisa pícara. Luis, el jefe de ventas, pasa por detrás y roza mi hombro ‘sin querer’. Siento el calor subiendo, el corazón latiendo fuerte. Entre pilas de dossiers y carpetas desordenadas, el aire se carga. ‘¿Necesitas ayuda con eso?’, me dice Marco bajito, inclinándose. Su aliento en mi cuello… ay, ya estoy mojada.
Me levanto, cojo unos papeles como excusa. ‘Voy a la sala de reuniones a archivar’. Ellos se miran, y me siguen. Cerramos la puerta, pero no con llave, eh… el riesgo de que entre alguien en cualquier momento. Me apoyo en la mesa, y Marco se acerca primero. Sus manos en mi cintura, bajando despacio. ‘Estás buenísima hoy’, murmura. Le beso, lengua dentro, mientras Luis nos mira, tocándose por encima del pantalón. Siento sus dedos subiendo por mi falda, rozando el tanga. ‘Quítamelo’, le susurro. Se arrodilla, me lo baja lento, oliendo mi coño ya húmedo. Lamidas suaves en los labios, eh… tiemblo.
La tensión sube entre los escritorios y las miradas
La puerta está ahí, voces fuera. Adrenalina pura. Me subo a la mesa, abro las piernas. Marco se desabrocha, saca su polla dura, gorda. ‘Chúpamela’, dice. Me bajo, la cojo en la boca, saliva chorreando. La chupo fuerte, lengua en el glande, bolas en la mano. Luis se une, polla fuera también. Grande, venosa. Le hago lo mismo, alternando. ‘Joder, qué puta eres’, gime Marco. Les miro con ojos de zorra, saboreando el sabor salado.
No aguanto más. ‘Folladme ya’. Me pongo a cuatro patas sobre la mesa, culo en pompa. Marco me mete la polla de un empujón, hasta el fondo. ‘¡Ahhh! Sí, así’. Mi coño chupa su verga, jugos por las piernas. Luis delante, me la mete en la boca, follándome la garganta. Empujones duros, plaf plaf. Siento la polla de Marco abriéndome, rozando el punto G. ‘Más fuerte, cabrón’. Él acelera, nalgas contra mis cachetes. Luis me agarra el pelo, follando mi boca como un animal.
El polvo brutal en la sala de reuniones
Cambio. Me tumbo en la mesa, piernas abiertas. ‘Doble, quiero doble’. Marco se tumba debajo, me empala su polla en el coño. Luis escupe en mi culo, mete dedos. ‘Relájate, puta’. Empuja su verga gruesa en mi ojete. Duele un poco, pero rico… llena. Los dos dentro, moviéndose. ‘¡Joder, qué prieto tu culo!’, grita Luis. Ritmo brutal, pollas frotándose dentro de mí separadas por una pared fina. Gimo alto, pero tapo la boca. Orgasmo viene, coño contrayéndose, chorro de jugos. Ellos no paran, piden más.
‘Correros, dadme leche’. Me arrodillo en el suelo, pollas en la cara. Marco primero, chorros calientes en mi lengua, cara, tetas. Luis después, espeso, pegajoso en el pelo. Lo trago, lameo sus glande limpios. ‘Delicioso…’. Sudados, jadeando. Miramos el reloj. ‘Venga, rápido’. Me limpio con kleenex, falda abajo, tanga en el bolsillo. Ellos se suben pantalones, cremalleras ziiiip. ‘Como si nada’, digo riendo bajito.
Salimos uno a uno. Yo primero, sonrisa inocente a la secretaria. ‘Ya está archivado’. Vuelvo a mi mesa, piernas temblando aún. Marco pasa, guiño. Luis manda email: ‘Buen trabajo’. Y sigo tecleando, coño palpitando, semen secándose en la piel. Mañana… ¿repetimos?