Dios, acabo de vivirlo… aún me tiemblan las piernas. Trabajo en esta oficina cutre de Madrid, rodeada de carpetas y memos aburridos. Djidji, mi compañero ivoiriano, termina su contrato y se va a África. Lleva meses mirándome así, con esos ojos que me queman. Alto, musculoso, piel negra brillante… cada vez que pasa por mi mesa, roza mi hombro ‘sin querer’. Yo, con mi falda ajustada y blusa escotada, noto cómo se me moja el tanga.
Hoy, pausa café. Todos en la máquina, solos en el pasillo. Siento sus manos en mis caderas, firmes. ‘Hola, preciosa’, susurra en mi oreja, beso en la mejilla que dura demasiado. Me giro, ojos clavados. Su aliento caliente, olor a colonia fuerte y hombre. ‘Djidji… ¿qué haces?’, digo bajito, pero mi mano ya va sola a su entrepierna. Dura como piedra bajo el pantalón. ‘¿Quieres que te folle aquí mismo, puta blanca?’, ríe suave. Corazón a mil, coño palpitando. Asiento, mordiéndome el labio.
La tensión sube entre papeles y miradas
Tira de mí a la reserva, esa habitación minúscula con estanterías y fregadero. Cierra con llave. Clic. Ya no hay vuelta atrás. Adrenalina pura, ¿y si alguien llama? Me empuja contra la puerta, boca en mi cuello, mordiendo. ‘Quítate todo, zorra’, ordena. Manos temblando, falda arriba, tanga abajo. Mis tetas fuera de la blusa, pezones duros. Él se baja el zip, saca esa polla… joder, enorme, venosa, cabeza morada hinchada. 25 cm fáciles, gruesa como mi muñeca. ‘Mírala bien, es para destrozarte el coño’.
Caigo de rodillas, suelo frío contra piel. La agarro, pesa, caliente. Lengua en el glande, salado, pre-semen. La chupo, labios estirados al máximo. ‘Así, mamona, traga mi polla negra’. Empujo más, garganta llena, babeo. Él gime, manos en mi pelo, follando mi boca. ‘Buena puta de oficina’. Me levanto, jadeando. Me gira, cara al fregadero. ‘Abre las piernas, enséñame ese coño mojado’. Dedos suyos en mi raja, resbaladizos. ‘Estás empapada, guarra’. Clit frotado, gimo alto, casi grito.
El polvo brutal y la corrida inolvidable
Empuja. La cabeza entra, duele rico. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñe. Despacio al principio, me parte en dos. Siento cada vena rozando paredes. ‘¡Más, Djidji, fóllame fuerte!’. Acelera, palmadas en mi culo, tetas rebotando contra el metal frío. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Me da la vuelta, piernas en su cintura, polla hundiéndose hasta el fondo. ‘¡Mira cómo te empalo, perra!’. Besos salvajes, lenguas enredadas. Cambio: yo encima en el fregadero, cabalgando. Coño chorreando, clítoris frotado en su pubis. ‘¡Voy a correrme!’, grito. Él aprieta mis nalgas, subiendo.
‘¡Ahora, puta!’. Se hincha más, chorros calientes dentro. Dos años sin follar, me inunda, semen saliendo por los lados. Gimo, orgasmo brutal, piernas temblando. Sale despacio, polla brillando con mis jugos y su leche. No hay facial… pero yo meto dedos, saco crema blanca espesa, la lamo. Sabe fuerte, exótico, amargo-dulce. ‘Joder, eres una viciosa total’, ríe él, limpiándose.
Nos vestimos rápido, besos robados. ‘Vuelve al curro, como si nada’. Abro puerta, pasillo vacío. Corazón latiendo fuerte, semen goteando en muslos. Vuelvo a mi mesa, sonrisa falsa, piernas flojas. Él pasa después, guiño. Nadie nota nada. Pero yo… revivo cada embestida. Mañana se va, pero esta follada en la oficina… inolvidable. Adoro el riesgo, el casi-ser-pillada.