Mi masaje secreto con mi jefa: sexo lésbico en la oficina

Trabajo de asistente personal para Elena, mi jefa. Es joven, casada con el director que anda de viaje siempre. Yo, Lucía, 25 años, abierta al sexo, me flipa el riesgo en el curro. Hoy… uf, acabo de vivirlo. Estábamos solas en la oficina, tarde, todos se habían pirado. Ella nerviosa por una reunión chunga, yo organizando dossiers en su despacho. Nuestras miradas… se cruzaban. ‘Lucía, ven, ayúdame a relajar’, me dice con voz ronca, cerrando la puerta. El clic del pestillo… pum, espacio privado. Saco una crema de masaje que llevo en el bolso, olor a vainilla fuerte, empalagoso. ‘Quítate la blusa, jefa, la piel directa es mejor’, le suelto, corazón latiendo fuerte. Ella duda, eh… se desabrocha despacio, sujetador negro asomando. Sus tetas pequeñas, firmes, pezones ya duros bajo la tela. Me acerco, manos temblando un poco, unto crema en sus hombros. Piel suave, caliente. ‘Más abajo, Lucía…’, murmura, arqueando la espalda. Mis dedos bajan, rozan el borde del sujetador. El aire huele a su perfume mezclado con sudor del día. Siento su respiración acelerada contra mi mano.

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Sigo masajeando, ahora por la espalda, blusa caída al suelo. Ella gime bajito, ‘Joder, qué bien…’. El pezón se marca más, lo rozo sin querer… o queriendo. Se gira de golpe, tetas al aire, pezones oscuros, tiesos como piedras. ‘Tócalas, no pares’, ordena, voz entrecortada. Le obedezco, aprieto esas tetas suaves, pellizco pezones. Ella jadea, ‘Más fuerte, coño’. Bajo una mano, desabrocho su falda, braga húmeda ya. ‘Quiero tu lengua ahí’, dice, abriendo piernas en el sofá del despacho. Me arrodillo, huelo su coño mojado, pelos recortados, labios hinchados. Saco lengua, lamo despacio la raja, salada, caliente. Encuentro el clítoris, gordo, palpitante. ‘¡Sí, lame mi clítoris, puta!’, grita bajito, agarrándome el pelo. Chupo fuerte, meto lengua dentro, follo su coño con ella. Ella se retuerce, tetas botando, ‘No pares, me corro… ahhh’. Olas de jugos en mi boca, cuerpo temblando, orgasmo brutal. La miro, sudada, ojos vidriosos.

La tensión sube entre archivos y miradas

Uf, jadeamos las dos. Ella se recompone rápido, ‘Ni una palabra, Lucía, o estás fuera’. Asiento, excitada aún, coño propio chorreando bajo la falda. Me limpio la boca con la mano, olor a ella pegado. ‘Vuelve al trabajo, prepara los informes’, dice seria, abotonándose. Yo recojo la crema, salgo del despacho como si nada, piernas flojas. Mañana… quién sabe, el riesgo me pone cachonda. Pero silencio total.

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