Mi polvo loco en la oficina con Kathleen, la belga insaciable

Trabajo en un estudio de arquitectura en Madrid. Llevamos semanas hasta arriba con un proyecto gordo. Reuniones eternas, planos por todos lados. Kathleen, mi compañera belga de prácticas, es un fuego. Unos años más que yo, ojos verdes que te follan con la mirada. Dinámica, siempre riendo bajito. Ese viernes tarde, quedamos solas en la sala de archivos. Puerta entreabierta, pero el resto de la oficina vacío. Revisamos expedientes, cuerpos cerca, rozándonos sin querer. O quizás queriendo.

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Siento su perfume, dulce, mezclándose con el polvo de los papeles. Nuestras manos se tocan al pasar una carpeta. ‘Perdón’, dice ella, pero su sonrisa dice otra cosa. Yo, con la falda ajustada, noto cómo me mira las piernas. Calor sube por mi vientre. Joder, estoy mojada ya. Hablamos del proyecto, pero las palabras salen cortas. ‘Este terreno en pendiente… ideal’, murmura, inclinándose. Su blusa se abre un poco, veo el encaje del sujetador. Trago saliva. El aire pesa, como antes de tormenta.

La tensión sube entre papeles y miradas

De repente, ganas de mear fuertes. Demasiado café. ‘Ehm, voy al baño…’, digo, pero está lejos. Busco un rincón detrás de los archivadores. Bajo la falda, bragas empapadas. No de pis, de lo que sea. Me las quito, me agacho. El chorro caliente en el suelo frío, alivio mezclado con morbo. Olor a tierra húmeda, mi coño expuesto. Cierro ojos, imagino sus dedos ahí.

Abro los ojos: Kathleen a dos metros. Sonriendo. ‘Yo… yo también no aguanto más’. Se arrodilla a mi lado, natural como si nada. Levanta falda, quita bragas despacio. Su coño rasurado, labios rosados brillando. Jet fuerte, salpica mis pies. Me paralizo. ‘Qué… qué guapo lo tienes’, balbuceo. Ella ríe bajito. ‘¿Frío? Quítate la blusa’. Temblando, obedezco. Pechos al aire, pezones duros. Ella hace lo mismo, tetas grandes con pecas, blancas como leche. Se sienta en sus bragas, abre piernas. ‘Mírame, ¿quieres?’. Mi mano baja sola a mi clítoris, hinchado. Froto suave, jadeo.

El clímax brutal sin filtros

‘Juguemos’, dice. ‘Nos tocamos frente a frente. Quien se corra primero o toque a la otra, pierde. La perdedora lame hasta el final’. Joder, qué puta idea. Me siento igual, coño abierto, dedos dentro. Ella igual, dos dedos metiendo y sacando, lento. Gemidos suyos, ‘Mmm, qué rico tu olor’. La veo gotear, clítoris erecto. Acelero, mi coño chorreando, pero aguanto. Ella gira cadera, ‘Fóllate más fuerte, zorra’. No resisto. Orgasmos me parte, grito ahogado, cuerpo convulso.

Gana ella. ‘Manos atrás’. Me ata con su bufanda a un archivador. Se pone encima, coño en mi cara. ‘Lámeme ahora’. Huele a miel salada, lamo voraz, lengua en su clítoris, chupo labios. Ella gime, ‘Sí, joder, así’. Baja, 69 brutal. Su boca en mi coño, lengua follando dentro, dedos abriendo ano. Me corro otra vez, squirt en su cara. Ella tiembla, chorro en mi boca, trago todo. Mordisqueo su clítoris, dedos en su culo apretado. Grita, ‘¡Me corro, puta!’. Cuerpos sudados, pegajosos.

De golpe, voces fuera. Ruido de llaves. Nos separamos jadeando. Vestirnos a toda prisa, bragas mojadas puestas, blusas abotonadas mal. Limpiamos charco rápido con papeles. Sentadas en sillas, fingiendo revisar planos. Entra el jefe: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, perfecto’, digo con voz temblorosa. Kathleen guiña ojo disimulado. Corazón a mil, coño palpitando aún. Volvemos al trabajo como si nada. Pero sé que repetiremos. La adrenalina… inolvidable.

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