Mi follada prohibida en la oficina con dos putas calientes

Ay, chicas, os lo cuento como si acabara de pasar, porque el corazón aún me late fuerte. Trabajo en una oficina de marketing, papeleo hasta el culo, y llegaron ellas: Carmen y Lola, dos nuevas del equipo de diseño. Bombas nucleares, tetas firmes que se marcan bajo las blusas, culos redondos que hipnotizan. Ese día, tarde, solos en la sala de reuniones revisando carpetas. Nuestras rodillas se rozan bajo la mesa… euh, accidental, ¿no? Pero las miradas… uf, las de Carmen, oscuras, clavadas en mis labios mientras hojeo papeles. ‘¿Qué miras tanto?’, le digo bajito, y ella sonríe, mordiéndose el labio. Lola se inclina, su perfume dulce me invade, y su mano roza la mía al pasar una carpeta. Siento el calor subiendo, pezones duros contra la tela. ‘Cerramos la puerta?’, propone Carmen, voz ronca. Clic. Ya estamos solas, el mundo fuera, solo nosotras tres y esta puta tensión que me moja las bragas.

Ya no hay vuelta atrás. Carmen me agarra la cara y me besa, lengua dentro, salvaje, saboreando mi saliva. Lola por detrás, manos en mis tetas, pellizcando pezones. ‘Quítate eso’, gime, y nos arrancamos la ropa. Desnudas, piel sudada, olor a excitación. Me tumbo en la mesa, papeles volando. Carmen se sube encima, coño depilado en mi boca, jugoso, salado. La chupo fuerte, lengua en el clítoris, ella gime ‘¡Sí, joder, así!’. Lola me abre las piernas, dedos en mi chocho, metiendo dos, tres, follándome manual. ‘Estás empapada, puta’, dice riendo. Cambiamos: yo en 69 con Lola, su culo en mi cara, le meto la lengua en el ano mientras ella me mama el coño, succionando fuerte, dientes rozando. Carmen trae un godío del bolso –putas previsoras–, negro, grueso. Me lo clava en el coño, embiste, chapotea mi jugo. ‘¡Más profundo!’, grito, mordiendo el muslo de Lola.

La tensión sube entre carpetas y ojos hambrientos

Ahora lo bestia. Lola quiere anal, se pone a cuatro patas, culo arriba. Escupo en su ojete, meto dedo, luego dos. ‘¡Fóllame el culo!’, suplica. Cojo el godío, lubricado con mi saliva, y se lo hundo. Entra duro, ella aúlla ‘¡Joder, duele rico!’. Carmen me besa, me mete dedos en el coño mientras miro cómo el godío desaparece en ese culo apretado. Cambio: yo en el culo de Carmen, ella gimiendo como loca, tetas rebotando. Lola me folla el coño con otro juguete, doble penetración simulada, siento llena, estirada. ‘¡Voy a correrme!’, berrea Carmen, y explota, cuerpo temblando, chorro en la mesa. Yo sigo, polla falsa en mi culo ahora –ellas turnan–, dolor placer, orgasmo brutal, piernas flojas. Sudor, gemidos, olor a sexo puro. Teléfono suena, jefa llamando, pero lo ignoramos, follamos más fuerte, adrenalina al máximo pensando en que nos pillen.

Pum, acabamos jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. ‘Rápido, vístete’, digo, corazón en la garganta. Nos limpiamos con kleenex, recogemos papeles revueltos. Puerta abierta, volvemos a las mesas como si nada. ‘¿Seguimos con el informe?’, pregunto casual, piernas temblando aún. Ellas asienten, sonrisas pícaras. Nadie nota nada, pero yo siento el culo ardiendo, coño palpitando. Mañana más, ¿no? Uf, qué vicio este curro.

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