Mi follada prohibida en la oficina: el polvo con mi compañero y el jefe

Es verano, hace un puto calor infernal en la oficina. Agosto, todo el mundo con las persianas bajadas, ventiladores zumbando. Llego temprano con Arturo, mi compañero… bueno, mi marido también, pero aquí somos solo colegas. Hay que archivar una montaña de expedientes. Sudamos como cerdos, camisetas pegadas al cuerpo. Entonces aparece Pablo, el nuevo de contabilidad, parisino, con ese acento que me pone. Viene a ayudar, dice el jefe.

Nos juntamos los tres en la sala de archivos, puerta entreabierta. Empiezan a mover cajas pesadas, Arturo y Pablo en pantalón corto, sin camisa porque el aire no da abasto. Sudor por todos lados, riendo de tonterías. Yo me quedo sentada, fingiendo ordenar papeles, pero… joder, no puedo quitarles los ojos de encima. Arturo le lanza miradas a la entrepierna de Pablo cuando agacha para coger una caja. Pablo se da cuenta, sonríe de lado. ‘¿Calor, eh?’, dice Arturo, pasándole una birra fría del mini-frigo. Beben, charlan. La tensión… se nota en el aire, espeso, como antes de una tormenta.

La tensión sube con los expedientes y las miradas

El jefe se va temprano, la oficina se vacía. ‘Vamos a acabarlo’, dice Pablo. Cierran la puerta con llave, ahora es nuestro espacio privado. Yo digo que me voy al baño, pero me escondo detrás de los archivadores altos. Oigo sus risas. ‘Me cago, tengo que mear’, suelta Arturo. ‘Aquí no hay nadie, contra la pared’, responde Pablo. Se bajan las cremalleras, jets potentes contra el cemento. Me asomo… joder, sus pollas gordas, colgando, meando fuerte. Arturo gira la cabeza, mira la verga de Pablo. ‘Te gusta, ¿eh?’, murmura bajo.

Pablo duda, ‘Eh… perdona’. Arturo le chista, señala mi dirección pero susurra ‘Duerme como un lirón’. Se excitan. ‘A mí no me jode que mire, ¿y a ti?’. ‘Me pone cachondo’. Se apartan, se plantan frente a frente bajo la luz tenue. Arturo agarra su polla semidura, la acaricia lento. La de Pablo crece en su mano, tiembla, se yergue poquito a poco. ‘Joder, qué gorda’, dice Arturo, ojos brillantes. La aprieta, la masturba suave. Pablo gime bajito. Arturo se arrodilla, mete el capullo en la boca, chupa. La verga de Pablo se hincha, venas pulsando, dura como piedra. Pablo empuja, folla la boca de Arturo, sale reluciente, pega contra su barriga con un pre-semen colgando.

El polvo salvaje sin frenos en la sala privada

Pablo se pone de rodillas, lame el glande húmedo de Arturo, gira la lengua, sorbe el líquido. Baja por el tronco, mordisquea, mamonea las huevos tensas. Dedo en el culo, masajea el ano. Arturo jadea, agarra pelo, la mete entera. Pablo mete dos dedos, bombea rápido. ‘Me corro…’, avisa Arturo. Pierre la saca, la menea furioso mientras dedos follan el culo. Chorros blancos en la cara de Pablo, gime tragando saliva.

Arturo besa, lame su propia leche. Pablo lo gira contra la pared, lengua en el culo, moja el agujero. Yo… no aguanto, me toco la concha empapada. Arturo nota la mano a través del archivador, ‘¡Oh sí, sigue!’. Pablo empuja, el capullo rompe el esfínter. Siento la polla dura presionando. Le meneo la verga por fuera, dura como mármol. Pablo embiste, saca, clava profundo, culazos contra carne. Yo acelero, araño el glande. ‘¡Sí, joder, así!’, ruge Arturo. Pablo folla brutal, yo masturbo frenética. Arturo tiembla, segunda corrida moja mi mano. Pablo aprieta, muerde cuello, eyacula dentro, espasmos largos.

Se separan, jadeando, sonrisas tímidas. Se limpian con pañuelos, suben pantalones. ‘Venga, a currar’, dice Arturo riendo. Salen como si nada, yo me recompongo. Oficina vacía, pero el secreto queda. Mañana, cafés y sonrisas normales. Adrenalina pura.

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