Uf, acabo de salir del curro y aún me tiemblan las piernas. Trabajo en una oficina enorme de marketing en Madrid, mesas abiertas, mucho ruido de teclados. Hoy… hoy ha sido con Marcos, mi jefe de proyecto. Alto, moreno, con esa mirada que me pone la piel de gallina. Hacía meses que no pasaba nada, desde aquella noche loca en la copa de equipo. Pero hoy, en la reunión matutina, sus ojos se clavaron en mí mientras hablábamos de presupuestos. Sentí su mirada bajando por mi escote, por mis tetas apretadas en la blusa blanca. Yo… le devolví la mirada, mordiéndome el labio sin querer. El corazón me latía fuerte, ¿y si alguien nota?
Después, me pide que le ayude con unos dossiers antiguos. ‘Ven al archivo, Ana, necesito ese informe del año pasado’, me dice por el chat interno. Bajo al sótano, pasillo oscuro, olor a papel viejo y polvo. Él ya está allí, entre las estanterías altas, linterna en mano. Cierro la puerta metálica, clic, y el espacio se hace privado de golpe. Nos miramos… silencio pesado. ‘¿Lo tienes?’, pregunto, acercándome. Su mano roza la mía al pasarme la carpeta. Calor. Sudor en la nuca. ‘Ana… joder, no aguanto más verte así’, murmura, su aliento en mi oreja. Me empuja contra el archivador, sus labios en mi cuello. Huele a colonia fuerte, a hombre. Mis pezones se endurecen contra la blusa. ‘Marcos… aquí no, nos pillan’, digo, pero mis manos ya en su culo. Adrenalina pura, oigo pasos lejanos en el pasillo. Eso me moja más.
La tensión sube entre carpetas y miradas calientes
Sus manos suben mi falda, dedos en mis bragas. ‘Estás empapada, puta’, gruñe. Le beso fuerte, lengua dentro, saboreo su saliva. Le bajo la cremallera, saco su polla dura, gruesa, venosa. La aprieto, palpita. ‘Fóllame ya’, jadeo. Me gira, falda arriba, bragas a los tobillos. Siento su glande en mi coño, resbaladizo de mis jugos. Empuja… aaah, me llena de un golpe. Golpes secos contra mis nalgas, el archivador tiembla. ‘Tu coño aprieta como una virgen’, dice, mano en mi clítoris, frotando rápido. Gimo bajito, mordiéndome el puño. Cambio: me arrodillo, polla en la boca. Chupo fuerte, lengua en el frenillo, bolas en la mano. Sabe a sudor y pre-semen. ‘Trágatela toda, zorra’, ordena. La meto hasta la garganta, arcadas, saliva chorreando.
El polvo brutal: polla en mi coño y culo sin piedad
Me pone a cuatro patas entre cajas. ‘Ahora tu culo, lo quiero’. Esputo en mi ano, dedo dentro, lo abre. Su polla empuja… duele rico, quema. ‘¡Joder, qué estrecho!’, grita. Me folla el culo brutal, pellizcas tetas, pezones duros como piedras. Sudor gotea, olor a sexo crudo. ‘Córrete dentro, lléname’, suplico. Acelera, cachetazos en nalgas. Oigo voces arriba, ¡mierda! Eso me hace correrme primero: coño contrayéndose, chorros en el suelo. Él explota, semen caliente inundando mi culo, chorros largos. Gemidos ahogados, mordiéndonos.
Uf… nos separamos jadeando. Semen escurre por mi muslo. Rápido, nos limpiamos con kleenex del archivador. ‘Vístete, reunión en 5’, dice serio, besándome rápido. Subimos por separado. Yo entro al despacho, cara roja, pelo revuelto. ‘¿Todo bien, Ana?’, pregunta el jefe grande. ‘Sí… dossier encontrado’, sonrío. Marcos llega después, profesional. Nadie nota. Pero siento su semen aún dentro, rozando al sentarme. Adrenalina total, quiero más. Mañana… ¿repetimos?