Uf, acabo de volver del baño, aún me tiemblan las piernas. Soy Laura, trabajo en esta oficina cutre de contabilidad en Madrid. Hoy… joder, hoy ha sido la hostia. Todo empezó esta mañana, con Javier, mi compañero del cubículo de al lado. Ese tío me pone cardíaca desde hace semanas. Sus ojos… mmm, siempre clavados en mí cuando cree que no miro.
Estábamos revisando facturas, apiladas hasta el techo en mi mesa. Él se acerca, demasiado, su aliento cálido en mi cuello. ‘Laura, ¿me pasas ese dossier azul?’, dice bajito, rozando mi mano. Siento su calor, su perfume mezclado con café. Le miro de reojo, sonriendo. ‘Claro, Javier… pero ven tú’. Nuestras rodillas se tocan bajo la mesa. El corazón me late fuerte, miro alrededor: todos tecleando, ajenos.
La tensión entre papeles y miradas
Los mensajes en el móvil empiezan. ‘Estás buena hoy con esa falda’, escribe. ‘Calla, que nos ven’, respondo, pero cruzo las piernas apretando los muslos. La humedad ya crece ahí abajo. Media mañana, el jefe grita por teléfono, distracción perfecta. Javier susurra: ‘Ven a las archives a las 13:00. Hay que revisar… algo urgente’. Asiento, mordiéndome el labio. Adrenalina pura, el miedo a que nos pillen me excita más.
A la hora, bajo sigilosa. El pasillo vacío, olor a papel viejo y polvo. Empujo la puerta de las archives, él ya está dentro. Cierra con pestillo, clic que resuena. ‘Por fin’, murmura, pegándome a la pared. Sus manos en mi cintura, boca en mi cuello. ‘Joder, Laura, no aguanto más’. Yo gimo suave, ‘Shh, Javier, alguien puede oír’. Pero le beso, lengua dentro, saboreando su saliva.
Sus dedos bajan mi cremallera, falda al suelo. ‘Estás empapada’, dice metiendo mano en mis bragas. ‘Mmm, sí… por ti’, jadeo. Le bajo los pantalones, su polla salta dura, gruesa, venosa. La agarro, masturbo rápida. ‘Fóllame ya’, suplico. Me gira, contra la estantería metálica que cruje. Bragas a un lado, siento su glande en mi coño chorreante. ‘¿Lista?’, pregunta. ‘¡Sí, métemela toda!’.
El clímax brutal y el regreso al curro
Empuja fuerte, ahhh, me llena hasta el fondo. ‘¡Qué coño tan apretado!’, gruñe. Yo empujo culo atrás, ‘¡Más, Javier, rómpeme!’. Polla dentro-fuera, brutal, chapoteo de jugos. Sus manos aprietan mis tetas por la blusa, pellizca pezones duros. ‘¡Ahh, sí, así!’. Sudor gotea, olor a sexo crudo invade el cuarto. Me folla como animal, cachetazos en el culo. ‘¡Voy a correrme!’, aviso. ‘¡No, espera, dame más polla!’.
Cambia ritmo, lento-profundo, glande rozando mi punto G. ‘Joder, me vas a hacer explotar’, dice. Yo giro cabeza, ‘Córrete dentro, lléname el coño’. Acelera, plaf-plaf contra mi carne. Siento sus huevos tensos, palpitan. ‘¡Me corro! ¡Ahhh!’, ruge, chorros calientes inundan mi interior. Yo exploto también, coño contrayéndose, ‘¡Siii, qué leche tan buena!’. Temblo, rodillas flojas, mordiéndome labio para no gritar.
Jadeamos, pegados. Su polla sale, semen escurre por muslo. ‘Hostia, ha sido… increíble’, dice besándome cuello. Limpio rápido con kleenex, olor fuerte persiste. ‘Vístete, que vuelvo al curro’, digo riendo nerviosa. Subimos por separado, yo primero. En mi mesa, sonrío fingiendo normalidad. Javier pasa, guiño. Nadie nota nada, pero yo… siento su corrida aún dentro, recordatorio caliente. Mañana… ¿repetimos?