Trabajo en una oficina grande, de esas con ventanales que dan a la ciudad. Él es Gregorio, mi jefe. Un tío con clase, unos cincuenta, pelo plateado, ojos negros que te traspasan. Elegante, traje impecable. Siempre me mira… eh, no sé, de esa forma que te hace mojar las bragas.
Hoy revisamos dossiers en su despacho. Papeles por todos lados, la puerta entreabierta. Me acerco para enseñarle un informe, rozando su brazo. ‘¿Ves? Aquí hay un error’, le digo bajito. Él levanta la vista, sonrisa ladeada. ‘Eres más sexy sin esa carpeta delante, ¿eh?’. Me río nerviosa, el corazón latiendo fuerte. Siento su mirada bajando por mi blusa, mis tetas apretadas contra el sujetador.
La tensión entre carpetas y miradas calientes
Cierro la puerta con llave, clic. El espacio se hace íntimo de golpe. ‘Greg, ¿por qué me miras así?’, pregunto mordiéndome el labio. Se pone de pie, alto, fuerte. ‘Porque quiero follarte desde el primer día’. Sus manos en mi cintura, me atrae. Huelo su colonia, madera y hombre. Nuestras bocas chocan, lenguas enredadas, saliva caliente.
Me sube la falda, dedos en mis muslos. ‘Estás empapada, puta’, gruñe. Le bajo la cremallera, su polla salta dura, gruesa, venosa. La agarro, late en mi mano. Se sienta en su sillón, yo me monto encima, piernas abiertas. Mi coño resbala por su verga, entro despacio… ahhh, me llena. Empiezo a moverme, tetas rebotando.
Pero quiero más. Me bajo, rodillas en la moqueta. Le chupo la polla, babas por el rabo, bolas en la boca. ‘Joder, qué boca’, jadea. Me pone de pie, contra el escritorio. Papeles vuelan. Me abre las piernas, lengua en mi coño. Lamidas profundas, clítoris hinchado. Gimo fuerte, ‘¡Sí, chúpame la concha!’. Dedos dentro, curvados, me corro chorreando en su cara.
El sexo brutal: polla en mi coño y culo sin piedad
Me gira, falda arriba. ‘Voy a follarte el culo’, dice ronco. Escupe en mi ojete, polla empujando. Duele rico, entra centímetro a centímetro. ‘¡Coño, qué apretado!’, gruñe. Me embiste, cachetadas en el culo. Siento cada vena rozando mis paredes. Sudor goteando, mesa temblando. Miro la puerta, ¿y si entra alguien? Adrenalina pura, me excita más.
Me da la vuelta, piernas en sus hombros. Polla en mi coño otra vez, brutal. ‘¡Fóllame fuerte, Greg!’. Bombeó como animal, tetas saltando, pezones duros. Le araño la espalda, uñas clavadas. ‘Me voy a correr’, dice. ‘Dentro, lléname la chochita’. Explota, leche caliente inundándome. Yo tiemblo, orgasmo brutal, contrayéndome alrededor de su verga.
Jadeamos, pegados. Minutos así, su polla aún dentro, goteando. ‘Ha sido… joder, increíble’, susurro. Se retira despacio, semen bajando por mis muslos. Nos limpiamos rápido con kleenex, ropa en su sitio. Falta un botón en mi blusa, pero qué más da.
Abro la puerta, volvemos a los dossiers como si nada. ‘Sigamos con esto’, dice profesional. Yo asiento, piernas temblando aún, coño palpitando. Nuestras miradas se cruzan, promesa de más. Salgo del despacho, colegas por el pasillo, nadie sospecha. Sonrío, el secreto me quema delicioso. Mañana… ¿repetimos?