Follada salvaje en la oficina con mi compañero: mi secreto más caliente

Me llamo Sofia, tengo 28 años y trabajo en una oficina cutre de Madrid. Soy de esas que se moja con el riesgo, sobre todo en el curro. Me encanta esa adrenalina de follar donde no debo, con el miedo a que nos pillen. Y con Pablo, mi compañero de al lado, la cosa siempre ha sido eléctrica. Es mi confidente, el que sabe todos mis líos. Bueno, casi todos.

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Hoy ha sido uno de esos días de mierda. Llenos de expedientes, reuniones eternas y ese calor pegajoso del verano. Pablo y yo estamos solos en la sala de archivos, clasificando papeles. Nuestras manos se rozan cada dos por tres. ‘Joder, Sofia, ¿siempre tienes que rozarme así?’, me dice riendo, pero sus ojos… uf, arden. Yo le miro la bragueta, que ya se marca un poco. ‘¿Qué pasa, Pablo? ¿Te pongo nervioso?’, le suelto, mordiéndome el labio.

La tensión sube entre los expedientes y las miradas

La cosa sube de tono. Nos acercamos más, hablando de mis rollos fallidos. ‘Eres una puta viciosa, pero en el curro te frenas’, me dice. Le empujo contra la estantería. ‘¿Y tú qué? Siempre mirándome el culo’. Sus manos van a mi cintura. Siento su aliento en el cuello. ‘Si quieres, te ayudo a desquitarte’. El corazón me late fuerte. Cerramos la puerta con pestillo. Espacio privado. Solo nosotros, el olor a papel viejo y nuestra excitación.

Se pone detrás de mí, como yo lavando platos en mi cabeza. Me aplasta contra la mesa de archivos. Su mano en mi boca. ‘No grites, Sofia. Confías en mí, ¿verdad?’. Asiento, marmondeando. Su voz grave me pone. ‘Si quieres parar, di ‘Pablo, basta’. Pero no quiero. ‘Prométeme que mañana se olvida’, suelta, soltándome la boca. ‘Prometido’, digo, jadeando ya.

Sus manos en mis caderas. Llevo falda lápiz y blusa ajustada. Siento su polla dura contra mi culo. Mmm. Sube la mano por mi vientre, bajo la blusa. Piel erizada. Desabrocha el sujetador de un tirón. Agarra mis tetas. ‘Joder, qué suaves, nunca manoseadas’. Le pincho: ‘Cállate y fóllame ya’. Me pellizca los pezones. ¡Ay! Descarga eléctrica. Echa la cabeza atrás, gimo contra su hombro.

‘¿Mejor así?’, dice, apretando más. Placer intenso. Sus dos manos masajean, aprietan, pellizcan. Me quito la blusa, sudando. Respiro agitada. Mi coño chorrea, empapa las bragas. Su paquete crece contra mí. ‘Ecarte las piernas’, ordena. Obedezco. Levanta la falda, mete las manos debajo. No le veo, pero siento todo.

El polvo intenso y el regreso al curro como si nada

‘¡Hostia, qué calor aquí abajo!’. Río nerviosa. ‘Quítame las bragas’. Las baja, tirando. ‘Están empapadas, te refrescan’. ‘Gilipollas’, digo, pero me excita. Me cambro, abre mis nalgas. Su lengua en mi culo. Nuevo, raro, pero rico. ‘Para, estoy virgen ahí’. ‘Otra vez será’. Baja al coño. Dedo roza mis labios. Chorreo.

Empieza a lamer. Lento, toda la raja. Gimo bajo. Acelera, abre labios, lengua dentro. Primer cuni de verdad. Tiemblo. Clitóris hinchado, insoportable. Agarro su cabeza. Introduce dedo, lo mueve salvaje, luego suave. ‘Pablo… voy a correrme…’. Explosión. Muslos aprietan su cara. Orgasmo brutal, no como masturbándome. Sigue lamiendo suave hasta parar.

Salgo de debajo la falda. Le beso. ‘Ahora te la chupo yo’. ‘No, hoy mandamos tú’. Me lleva al rincón, quitamos ropa. Su torso peludo, polla de 18 cm, gorda. Miedo y ganas. Preservativo. En la mesa, me come el coño otra vez. Piernas arriba, entra despacio. ‘¿Lista?’. ‘Sí, métemela’. Presiona, labios se abren. Duele un poco, pero llena. ‘Sigue’. Va-et-vient lentos, luego rápidos.

‘Más fuerte, joder’. Bombe rápido, chupando tetas. Me corro otra vez, pellizcándome pezones. Me pone a cuatro, tira culo hacia él. Entra potente, huevos chocan. Clap clap. Me toco el clítoris. Doble placer. Gime por primera vez. Corremos juntos, él dentro.

Se echa a un lado. ‘Ya no eres una santa’. Río. ‘Gracias, tío’. Se viste, besa mi coño y sale. Yo me recompongo, miro papeles. Minutos después, volvemos al curro. ‘¿Café?’, me dice guiñando. Como si nada. Pero mi coño palpita aún. Mañana… quién sabe.

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