Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Trabajo en una oficina de abogados, soy la secretaria jefe, digamos que controlo todo. El lunes pasado, después de ese fin de semana loco donde pillé a mi compañero Pablo con la nueva becaria, Sofía, esa niñata de ojos de cordero… uf, la rabia me comía por dentro. Él y yo nos tiramos los trastos desde hace meses, pero discreto, ¿sabes? Ese día, en la sala de archivos, ordenando expedientes, nos cruzamos. Él me mira, yo finjo no verlo, pero siento su mirada clavada en mi culo bajo la falda lápiz. ‘Maria, ¿necesitas ayuda con eso?’, dice con esa voz ronca. Yo, ‘No, déjalo, ya sabes cómo acabamos siempre’. Silencio pesado, el aire se carga. Nuestras manos se rozan al coger el mismo folder, eh… chispa eléctrica. Me giro, nuestros ojos se enganchan, veo el bulto en su pantalón. ‘Joder, Pablo, ¿aquí? ¿Estás loco?’, susurro. Él sonríe de lado, ‘Tú empezaste con el nuevo, Luis, ¿no?’. Mierda, lo sabe. La tensión sube, el corazón me late fuerte. Cierro la puerta de la sala con pestillo, el espacio se hace privado de golpe. Solo expedientes polvorientos y nosotros dos, jadeando ya.
Sus manos en mi cintura, me aprieta contra la mesa. ‘Quítate las bragas’, gruñe. Yo, temblando de adrenalina, pensando en que cualquiera puede llamar… las bajo despacio, mi coño ya empapado. Él se desabrocha, saca esa polla gorda, venosa, que tanto me vuelve loca. ‘Mírala, Maria, esta es tuya hoy’. Me sube la falda, me abre las piernas sobre los papeles. Entra de un empujón, ¡ahhh!, me llena entera, dura como piedra. ‘¡Fóllame fuerte, cabrón!’, gimo bajito. Él embiste salvaje, la mesa cruje, folios vuelan. Siento cada vena rozando mis paredes, mi clítoris palpita contra su pubis. Le araño la espalda, ‘Más profundo, joder, rómpeme el coño’. Sudor goteando, su aliento en mi cuello, mordiéndome la oreja. Cambio de posición, me pone a cuatro, polla chupando aire un segundo antes de clavarla otra vez. Pum pum pum, coño ardiendo, jugos chorreando por mis muslos. ‘¡Me vengo, Pablo! ¡Sííí!’, exploto, contracciones brutales apretándole la verga. Él aguanta, ‘Aguanta, puta, que te lleno’. Tres embestidas más y eyacula dentro, leche caliente inundándome, gimiendo como animal. Nos quedamos pegados, polla palpitando aún en mi coño rebosante.
La tensión sube entre expedientes y miradas
Uf… respiramos agitados, el olor a sexo impregna la sala. ‘Rápido, vístete’, dice él, riendo nervioso. Yo me limpio con kleenex, sintiendo su corrida escurrir, me pongo las bragas. Ordenamos los papeles revueltos, disimulamos el desorden. Abro la puerta, salimos como si nada, caras serias. Él al suyo escritorio, yo al mío. ‘Buen trabajo con los expedientes, Maria’, guiña disimuladamente. Yo asiento, piernas flojas, coño dolorido pero feliz. Nadie sospecha, pero cada mirada suya ahora quema. La adrenalina… ¡uf, quiero más!