Trabajo en esta oficina de marketing desde hace unos meses. Soy Julie, la nueva, con curvas que vuelven locos a todos. Alain, mi novio, es el hijo del jefe, pero eso es secreto. Hoy su padre, Pierre, ha venido de visita. Un tío maduro, unos cincuenta y pico, con esa mirada de depredador que me pone a mil.
Estamos en la sala de reuniones, revisando dossiers. Él se sienta al lado, demasiado cerca. Siento su pierna rozar la mía bajo la mesa. ‘Julie, estos números… eh… están de puta madre’, me dice con voz ronca. Levanto la vista y sus ojos van directos a mi escote. Llevo una blusa ajustada, sin sujetador, mis tetas de 90C tipo obús se marcan perfectas. Me muerdo el labio. ‘Gracias, Pierre… pero falta algo aquí’, respondo, inclinándome para que vea más. Su mano roza mi rodilla. ‘Ven a mi despacho después, te explico’, murmura. El corazón me late fuerte. Alain está en otra reunión, perfecto.
La tensión sube entre papeles y miradas calientes
Entro en su despacho temporal, cierra la puerta con llave. Clic. El espacio se hace íntimo de golpe. ‘Joder, Julie, desde que te vi en la calle el otro día… no paro de pensar en ti’, confiesa, acercándose. Huele a colonia cara y tabaco. Sus manos van a mi cintura. ‘Pierre, esto es… riesgoso, ¿y si nos pillan?’, digo temblando de excitación. ‘Calla, nena, solo un rato’, y me besa. Fuerte, con lengua invasora. Sabe a café y deseo. Mis pezones se endurecen contra su pecho.
Me empuja contra la mesa. ‘Quítate eso’, gruñe, arrancándome la blusa. Mis tetas saltan libres, él las agarra, amasa duro. ‘¡Qué tetazas, coño!’. Gimo bajito. Bajo su cremallera, saco su polla. Gruesa, venosa, ya tiesa como una barra. ‘Mira lo que me haces…’, dice. Me arrodillo, instinto puro. Lametazo al glande, salado. La chupo despacio, meto hasta la garganta. Él gime: ‘Sí, puta, trágatela toda’. Le masajeo las huevos, pesadas. Me folla la boca, rápido, babas por todos lados.
El polvo brutal y sin frenos en el despacho
No aguanta más. ‘Ponte a cuatro patas, ahora’. Me bajo la falda, tanga aparte, culazo al aire. Escupe en mi ano, mete un dedo. ‘Estás tan apretado… joder’. Empuja su polla de golpe. Duele al principio, ¡ah! Pero luego… placer puro. Me taladra el culo, fuerte, sin piedad. ‘¡Fóllame más, Pierre, rómpeme!’, grito ahogada. La mesa cruje, papeles vuelan. Siento su vientre contra mis nalgas, sudor goteando. Mi clítoris palpita, me toco frenética. Él me agarra el pelo: ‘Eres una zorra de oficina, ¿eh?’. Orgasmos me sacuden, él ruge y me inunda el culo de leche caliente. Chorros y chorros, rebosa.
Se retira, polla chorreando. Me limpia con mi tanga. ‘Joder, qué bueno ha estado’. Se sube los pantalones, yo me visto rápido, piernas temblando. ‘Vuelve al trabajo, como si nada. Mañana repetimos’, guiña. Salgo, pelo revuelto, sonrisa tonta. Alain me ve: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, amor, solo unos papeles’. Vuelvo a mi mesa, coño palpitando, semen goteando. Adrenalina total, el secreto me excita más. Mañana, más.