Follada prohibida con Sandra en la oficina: mi secreto más caliente

Era viernes tarde, la oficina casi vacía. Solo quedábamos Sandra y yo, revisando expedientes para el lunes. Ella, mi compañera, con esa mirada que siempre me pone la piel de gallina. Alta, curvas perfectas, falda ajustada que marca su culo redondo. Yo, sentada frente a ella, cruzo las piernas y siento mi tanga mojada ya. ‘¿Todo bien, nena?’, me dice con voz baja, mientras pasa una página. Nuestros pies se rozan bajo la mesa. Uf, ese roce… me calienta el coño al instante.

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Sus ojos se clavan en los míos, intensos, como si me desnudara. ‘Ven, ayúdame con este dossier’, susurra, y me hace gesto para que me acerque. Me levanto, nervios, el corazón latiendo fuerte. La mesa grande nos separa, pero ella estira la mano y roza mi muslo. ‘Qué suave…’, murmura. Siento su uña arañando despacio, subiendo. Eh… no puedo resistir. Mi respiración se acelera. ‘Sandra, alguien podría entrar…’, digo bajito, pero ella sonríe maliciosa. ‘Cierra la puerta con pestillo’. Lo hago, temblando. El clic resuena. Ahora somos solo nosotras. Espacio privado. Se levanta, me empuja contra la mesa. Sus labios rozan mi cuello. ‘Llevo todo el día pensando en tu culito’, dice, metiendo mano bajo mi falda. Sus dedos encuentran mi tanga empapada. ‘Joder, estás chorreando’. Gimo suave, arqueo la espalda.

La tensión subiendo entre papeles y miradas

Me gira, sube mi falda. ‘Quítate las bragas, puta’. Obedezco, se las meto en el bolsillo. Saca un plug pequeño de su bolso, lubricado ya. ‘Para que estés lista’. Lo presiona contra mi ano. Frío, resbaladizo. Empujo atrás, lo siento entrar. ‘Ahhh…’, susurro, mordiéndome el labio. Duele un poco, pero rico. Me contraje alrededor, sintiendo cómo me llena. ‘Buena chica’, dice, dándome una nalgada. Se desabrocha la blusa, sus tetas grandes saltan libres. Se pone un arnés con un strap-on negro, enorme, 25 cm de puro calibre. ‘Míralo, te va a partir el culo’. Me tiemblan las rodillas.

Me pone en cuatro sobre la mesa, papeles volando. Escupe en mi ano, quita el plug con un pop húmedo. ‘Relájate, zorra’. Apunta la punta gorda. Presiona. Duele, joder, pero empuja. Mi roseta se abre, tragándoselo centímetro a centímetro. ‘¡Sandra, es demasiado grande!’. ‘Cállate y agárrate’. Me folla despacio al principio, el glande abriéndome. Siento cada vena del falso polla frotando mis paredes. Gimo fuerte, tapándome la boca. Acelera, palmadas en mi culo rojo. ‘Tu ano me aprieta como una virgen’. Me masturba el clítoris meanwhile, dedos rápidos. El placer sube, anal y vaginal mezclado. ‘Me corro…’. ‘No, aguanta’. Me levanta una pierna, penetra más hondo, golpeando mi próstata interna. Grito ahogado.

El polvo intenso y sin filtros

Cambiamos. La tumbo en la silla, le como el coño, chupando su clítoris hinchado. Sabe a sal y miel. Saca un doble dildo, me lo clava en el culo mientras yo la follo con el otro extremo. Nuestros gemidos llenan la oficina. ‘¡Fóllame más fuerte, cabrona!’. La hago correrme, squirt en mi cara. Luego, ella me monta a lo amazona, rebotando, el strap-on martilleándome el vientre. Siento bolas subiendo. ‘Córrete en mi polla, puta’. Exploto, chorros en mi barriga, ano contrayéndose alrededor del monstruo.

Jadeamos, sudadas. Ella sale despacio, mi ano parpadea, dilatado. ‘Joder, qué culazo tienes’. Nos limpiamos rápido con toallitas del baño. Vuelvo a ponerme las bragas, falda abajo. Recogemos papeles desordenados. ‘Venga, a currar como si nada’, dice riendo, guiñando ojo. Salimos, oficina normal. Pero camino cojeando un poco, el plug aún dentro, recordatorio secreto. Adrenalina total, por si alguien entraba. Mañana, miradas cómplices otra vez.

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