Trabajo en una oficina abierta en Madrid, rodeada de mesas y miradas curiosas. Soy Laura, 28 años, muy abierta al sexo, me flipa el riesgo en el curro. Ayer, con Javier, mi jefe, 35 tacos, musculoso y con esa mirada que me moja el coño. Estábamos en el archivo, revisando expedientes viejos. El sitio es un laberinto de estanterías altas, pero se oyen los pasos del pasillo. Eh… empezamos normal, pero sus ojos se clavaron en mis tetas bajo la blusa ajustada.
‘Laura, pasa esa carpeta’, dice él, acercándose demasiado. Siento su aliento en mi cuello, huele a colonia fuerte, masculina. Le miro, sonrío pícara. ‘Javi, ¿seguro que es solo la carpeta?’. Nuestras manos se rozan, electricidas. Me pone contra la estantería, sus dedos suben por mi falda, rozan mis bragas ya húmedas. ‘Shh, que nos pillan’, susurro, pero abro las piernas un poco. Él aprieta mi culo, fuerte, ‘Me tienes loco desde la reunión’. Besos rápidos, mordiscos en el lóbulo, mi corazón late como loco. El espacio se cierra, aparta unos expedientes, crea un rincón semi-privado. Oímos voces fuera, voces de compañeros, adrenalina pura. Sus manos entran en mi blusa, pellizcan mis pezones duros. ‘Joder, qué tetas tan sensibles’, murmura. Yo gimo bajito, ‘Para… o no pares’. La tensión crece, su polla ya dura contra mi muslo.
La tensión sube entre los expedientes
De repente, me gira, falda arriba, bragas abajo. ‘Hoy te voy a follar por el culo, como prometí’, gruñe. Saliva en su mano, moja su polla gorda, venosa, 18 cm fáciles. Yo de rodillas contra la estantería, culo en pompa, temblando de vicio. ‘Espera, Javi… lubrícame bien’, digo nerviosa, pero excitada perdida. Escupe en mi ano, mete un dedo, luego dos, abriéndome. Duele un poco, quema, pero placer loco. ‘Relájate, puta’, dice, y empuja la cabeza de su verga contra mi ojete. Presión brutal, entra el glande, grito ahogado. ‘¡Joder, qué apretado tu culo!’. Empuja lento, centímetro a centímetro, siento cada vena estirándome. Lleno total, su pubis contra mis nalgas. No toca mi coño, solo tetas y culo, como acordamos, prohibido mi chocho.
El polvo anal sin piedad
Empieza a bombear, salvaje. Plaf, plaf, su polla me taladra el recto, profundo, hasta las pelotas. ‘¡Fóllame más fuerte!’, suplico, mordiendo mi labio. Sudor gotea, olor a sexo crudo, papeles crujen. Agarra mis caderas, me embiste como animal, mi ano arde, pero orgasmo sube desde dentro. Sus manos en mis tetas, pellizca pezones, ‘Córrete por el culo, zorra’. Yo tiemblo, espasmos violentos, coño chorreando sin tocarlo. Él acelera, ‘Me vengo… ¡toma mi leche!’. Chorros calientes inundan mi intestino, gime ronco. Sale despacio, semen chorrea por mis muslos, ano palpitante, rojo.
Nos miramos, jadeantes. ‘Ha sido… brutal’, digo riendo bajito. Se sube los pantalones rápido, yo bragas arriba, falda abajo, peino mi pelo revuelto. Limpio el semen con un kleenex, tiro papeles. ‘Vuelve al puesto, como si nada’, ordena con guiño. Salimos del archivo, sonrisas normales. Compañeros ni se enteran, pero yo siento su corrida dentro, caminando tiesa. Reunión en 5 min, sentados serios, pero bajo la mesa su pie roza el mío. Adrenalina total, ya quiero más. Mañana, quizás en el baño.