Mi polvo prohibido con mi jefa en la oficina: puro vicio y adrenalina

Trabajo en una oficina de abogados en Madrid, soy la nueva asistente. Llegué hace un mes, y mi jefa, Laura, es… uf, una tía dura, con curvas marcadas bajo esos trajes ajustados. Pelo corto negro, ojos grises que te clavan. Al principio, solo órdenes secas: ‘Morgana, los expedientes aquí’. Pero poco a poco, las miradas. Eh… entre carpetas apiladas, sus dedos rozaban los míos al pasarme papeles. Calientes, ásperos de tanto firmar. Yo sentía el calor subiendo, el coño empezando a mojarme solo con su perfume, mezcla de café y algo salvaje.

Ayer, viernes tarde, la oficina casi vacía. Todos se fueron temprano. ‘Quédate, Morgana, revisamos el caso del puerto’, me dijo, voz grave. Entramos en su despacho, cierra la puerta. Clic. El espacio se hace íntimo de golpe. Se sienta en el escritorio, piernas cruzadas, falda subiendo un poco. Yo al otro lado, pero me acerco para mostrar un dossier. Nuestros muslos se tocan. ‘Joder, Laura…’, murmuro. Ella me mira, pupilas dilatadas. ‘¿Qué pasa, pequeña? ¿Te pongo nerviosa?’. Su mano en mi rodilla, sube lenta. Siento su aliento en mi cuello, iodo imaginario, como mar. El corazón me late fuerte, adrenalina pura, ¿y si alguien entra?

La tensión subiendo entre carpetas y miradas calientes

No aguanto. Me inclino, labios rozando los suyos. Salados, urgentes. Ella gime bajito, ‘Morgana, esto es una locura…’. Pero me agarra la nuca, besa duro. Lenguas enredadas, húmedas. Manos por todas partes. Le arranco la blusa, pechos firmes saltan, pezones duros como piedras. Los chupo, muerdo suave. ‘¡Sí, joder, así!’, gruñe. Yo jadeo, su mano ya en mi falda, dedos directos al tanga empapado.

Me tumba sobre el escritorio, papeles volando. ‘Quítate todo’, ordena. Obedezco, desnuda, coño palpitando. Ella se baja la falda, braga negra al suelo. Se sube encima, coños frotándose, clítoris contra clítoris, resbaladizos de jugos. ‘¡Fóllame, Laura!’, suplico. Sus dedos entran en mí, dos de golpe, curvados en mi punto G. Bombea rápido, chapoteo obsceno. ‘Estás chorreando, puta de oficina’, dice riendo ronca. Yo le meto la mano, coño peludo, apretado, lo abro con dedos, la masturbo furiosa. Gime alto, ‘¡Más profundo, coño!’. Le lamo el clítoris, hinchado, sabor salado-musgoso. Lengua rápida, chupando como loca. Ella tiembla, ‘Me corro… ¡ahhh!’. Chorrea en mi boca, orgasmo brutal, cuerpo arqueado.

El polvo intenso: sin filtros, puro sexo crudo

No para. Me voltea, culo al aire sobre el escritorio. ‘Ahora te follo yo’. Tres dedos en mi coño, estirándome, mientras su pulgar en mi ano, presionando. ‘¡Sí, métemela toda!’, grito. Me come el culo con lengua, caliente, invasiva. El placer explota, coño contrayéndose, chorro saliendo. ‘¡Me vengo, joder, me vengo!’, aullo. Olas y olas, piernas temblando, sudor pegando pieles.

Jadeamos, pegadas, besos lentos ahora. ‘Hostia, qué fuerte…’, dice ella, voz quebrada. Se limpia el sudor de la frente, me pasa una toalla. ‘Vístete rápido, en cinco minutos hay reunión por Zoom’. Yo río nerviosa, recogiendo bragas mojadas. Nos arreglamos, pelo en sitio, blusas abotonadas. Abre la puerta, aire fresco entra. Salimos, ella al ordenador, yo a mi mesa. ‘Gracias por los expedientes, Morgana’, dice profesional. Sonrío, coño aún palpitando. Nadie nota nada. Pero sé que repetiremos. La adrenalina… adictiva.

Leave a Comment