Follada salvaje con mi jefe en la oficina: la adrenalina del riesgo

Uf, acabo de volver del curro y aún me tiemblan las piernas. Trabajo en una oficina de diseño, soy la asistente de Nicolas, mi jefe. Un madurito de 42, viudo desde hace años, con esa mirada profunda que me pone la piel de gallina. Su hija Anna es mi compi y mejor amiga aquí, pero… eso no me ha parado. Hoy ha sido… joder, inolvidable.

Estábamos solos en su despacho, revisando un montón de dossiers para la reunión de las 5. La puerta entreabierta, se oían voces lejanas en la sala de al lado. Él se inclinó sobre la mesa, su brazo rozó el mío. ‘Claire, mira esto…’, dijo con esa voz ronca. Yo… eh… levanté la vista y pillé sus ojos clavados en mis tetas. Llevaba una blusa ajustada, sin sujetador, los pezones duros por el aire acondicionado. Sonreí, mordiéndome el labio. ‘Sí, jefe, está… caliente’, murmuré, acercándome más.

La tensión entre los papeles y las miradas

Sus dedos tocaron los míos al pasar una página. Electricidad. Olía a su colonia, mezclada con sudor leve del día largo. Me miró fijo, el silencio pesado. ‘Cierra la puerta’, soltó de repente, voz baja. Corazón en la garganta, di dos pasos, la cerré con pestillo. Click. Ya no había vuelta atrás. El espacio se volvió nuestro, íntimo, con el zumbido del PC y el tictac del reloj marcando el riesgo.

Se levantó, alto, fuerte. Me acorraló contra la mesa. ‘Sabes que te miro desde hace semanas, ¿verdad?’, gruñó, mano en mi cintura. Asentí, jadeando ya. ‘Sí… y yo a ti, con ganas de…’. No terminé. Sus labios aplastaron los míos, lengua invasora, salada. Manos por todas partes. Me bajó la blusa de un tirón, tetas al aire, pezones erectos. Los pellizcó, fuerte, gemí bajito: ‘Joder, Nico…’. Él chupó uno, mordió suave, yo arqueé la espalda.

Manos en mi falda, la subió. ‘Estás empapada, puta’, dijo riendo ronco, dedos en mi tanga. La apartó, metió dos en mi coño chorreante. ‘Ahhh… sí, fóllame ya’, supliqué, temblando. Se desabrochó el pantalón, sacó la polla. Gruesa, venosa, cabezota hinchada, goteando pre-semen. La agarré, masturbé rápida, él gruñó.

El polvo brutal y la vuelta al curro

Me giró, cara contra la mesa, dossiers volando. Tanguita a un lado, me abrió las nalgas. ‘Te voy a reventar el coño’, avisó. Empujó, de una, hasta el fondo. ‘¡Fuuuuck!’, grité ahogado. Entraba y salía brutal, polla rozando mi punto G, chapoteos húmedos. Sudor goteando, su aliento en mi cuello: ‘Cállate o nos pillan’. Yo mordía mi labio, empujaba culo atrás, follada como perra. Cambió ángulo, me dio en el clítoris con los dedos, círculos rápidos.

‘Voy a correrme… dentro’, jadeó. ‘Sí, lléname, papi’, susurré loca. Aceleró, embestidas salvajes, mesa crujiendo. Eyaculó caliente, chorros potentes llenándome el coño. Yo exploté, contracciones, jugos por muslos, visión borrosa. ‘Dios… qué polla’, balbuceé.

Minutos después, jadeos calmándose. Se retiró, semen chorreando de mi coño. Rápido, nos subimos la ropa. Él se limpió con kleenex, yo me pasé toallitas húmedas del bolso, falda abajo. ‘Vuelve a la sala como si nada’, dijo guiñando, voz seria ya. Asentí, beso rápido. Abrí puerta, aire fresco golpeó mi cara sonrojada. Caminé al escritorio, piernas flojas, coño palpitando aún con su corrida dentro. Anna me miró: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí… eh, perfecto’, sonreí falsa. Reunión empezó, yo sentada, sintiendo su mirada. Adrenalina pura, secreto nuestro. Mañana… ¿repetimos?

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