Follada salvaje en la oficina con mi compañero Karim

Ay, amor, no sabes lo que me pasó ayer en el curro. Estaba yo en mi mesa, rodeada de carpetas y papeles, cuando Karim, ese moreno alto y ancho de hombros del departamento de ventas, se acerca con una excusa tonta. ‘Oye, María, ¿me ayudas con este informe?’. Le miro y… uf, esa barba de tres días, esos ojos negros que me traspasan. Sonrío, coqueta, y le digo ‘Claro, ven’. Se sienta al lado, demasiado cerca, su muslo roza el mío bajo la mesa. Siento el calor de su piel a través del pantalón. Hablamos del puto informe, pero sus dedos rozan mi mano al pasar las páginas. ‘Estás guapísima hoy, más que nunca’, me susurra. Me pongo roja, pero no me aparto. Al contrario, le miro fijo y le digo ‘Tú tampoco estás mal, guapo’. El corazón me late fuerte, miro alrededor, el open space lleno de gente tecleando, pero nadie nos pilla. Su mano sube por mi falda, efímera, solo un roce en el muslo. ‘Ehm… Karim, esto es peligroso’, digo bajito, pero abro un poco las piernas. Él sonríe, malicioso, y me dice ‘Lo sé, y eso me pone cachondo’. La polla ya se le nota dura contra el pantalón. Me muerdo el labio, toda húmeda ya. ‘Ven a la sala de reuniones en cinco minutos, la de atrás está vacía’, me dice y se va. Me quedo ahí, respirando agitada, tocándome disimuladamente la entrepierna bajo la mesa. Dios, qué adrenalina, con el riesgo de que nos vean.

Entro en la sala, cierro la puerta con pestillo. Él ya está ahí, de pie, esperándome. ‘Por fin’, dice y me agarra por la cintura, me pega a él. Siento su erección contra mi vientre. Nos besamos como locos, lenguas enredadas, salvajes. ‘Joder, Karim, me vuelves loca’, gimo. Sus manos everywhere, me aprieta las tetas por encima de la blusa, pellizca los pezones que se me ponen duros como piedras. Yo le bajo la cremallera, saco esa polla gruesa, venosa, palpitante. ‘Mira qué pedazo de verga tienes’, le digo admirándola, masturbándola lento. Él me sube la falda, rasga mis bragas de un tirón. ‘Estás empapada, puta’, gruñe y mete dos dedos en mi coño chorreante. Gimo fuerte, pero tapo mi boca con la mano. Me come la boca mientras me folla con los dedos, el pulgar en el clítoris. ‘Quiero follarte ya’, dice jadeando. Le empujo contra la mesa, me arrodillo y se la chupo profunda, garganta hasta las huevos. Él gime ‘Sí, así, chúpamela toda’. Saliva por todos lados, le miro con ojos de zorra mientras se la trago. Luego me pone de espaldas sobre la mesa, papeles volando. Abre mis piernas, me lame el coño voraz, lengua en el ano también. ‘Qué rico tu culito’, dice. Yo tiemblo, ‘Fóllame, por favor’. Me clava la polla de un empujón, hasta el fondo. ‘¡Ahhh! Sí, rómpeme el coño’, grito bajito. Me empotra brutal, tetas rebotando, sudor por todos lados. Cambio de posición, yo encima, cabalgándolo como una yegua, su polla entrando y saliendo de mi chocho jugoso. ‘Me vengo, joder’, gime él. ‘Córrete dentro, lléname’, le ruego. Eyacula chorros calientes en mi útero, yo exploto en orgasmo, arañándole la espalda. Sudados, jadeantes, olía a sexo puro.

La tensión subiendo entre miradas y toques prohibidos

Uf, nos quedamos un segundo ahí, respirando. ‘Ha sido increíble’, dice él besándome suave. Nos arreglamos rápido: yo me pongo las bragas rotas, me aliso la falda, pelo revuelto pero disimulo. Él se sube la brisa, guarda la polla aún semi-dura. ‘Vuelve al curro como si nada’, le digo guiñando. Salimos por separado, yo primero. En mi mesa, sonrío a una compañera como una tonta, piernas temblando, coño goteando su leche. Él pasa después, me guiña un ojo. Todo normal, informes, cafés… pero yo toda la tarde recordando su polla, excitada. Nadie sospechó nada. Qué vicio, amor, la adrenalina de casi ser pillados. ¿Te excita imaginarlo?

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