Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Trabajo en esta oficina de intérpretes en el centro de Madrid, rodeada de carpetas, ordenadores y tipos serios. Pero yo, soy Carla, treinta y pico, con el coño siempre listo para una aventura. Hoy os cuento lo de ayer… o fue anteayer? Bueno, da igual, lo tengo fresco. Estaba con Javier, mi compañero del cubículo de al lado. Es un friki de la informática, como esos geeks de la uni, siempre con sus cacharros. Llevábamos horas revisando traducciones urgentes para un cliente. La oficina medio vacía, fin de jornada, solo el zumbido de los aires acondicionados.
Le miro de reojo mientras teclea. Sus manos fuertes, eh… me imagino esas manos en mis tetas. Él capta la mirada, sonríe torcido. ‘¿Qué pasa, Carla? ¿Te distraigo?’ Dice bajito, con esa voz ronca. Me muerdo el labio, cruzo las piernas bajo la mesa. Siento el calor subiendo por mis muslos. ‘Nada, solo que… estos informes son un coñazo.’ Le guiño un ojo. Él se acerca, fingiendo mirar la pantalla. Su rodilla roza la mía. Electricidad. Pum. El corazón me late fuerte. Miradas que queman. ‘Ven, vamos a la sala de reuniones, allí hay más espacio para extender los papeles.’ Le digo, con voz temblorosa. Sabemos que no es por los papeles.
La tensión sube entre carpetas y miradas calientes
Cerramos la puerta. Clic. Privado. Nos miramos. Silencio pesado. Él se acerca lento, yo retrocedo hasta la mesa. ‘Joder, Carla, desde la pausa del café que te como con los ojos.’ Murmura, y me besa. Fuerte, lengua dentro, manos en mi culo apretando. Gimo suave, ‘Shh, que nos pillan.’ Pero eso me pone más. Le bajo la cremallera, polla dura saltando fuera. Gruesa, venosa, goteando ya. ‘Mira lo que me haces.’ Dice él, jadeando. La agarro, masturbo rápida. Él me sube la falda, braga a un lado. Dedos en mi coño húmedo. ‘Estás empapada, puta.’ Susurro yo, excitada. Me gira, me inclina sobre la mesa. Papeles volando.
El polvo brutal y sin frenos en la sala vacía
Me come el coño desde atrás. Lengua chupando clítoris, dedos metidos profundo. ‘¡Joder, qué rico!’ Grito bajito, mordiendo mi puño. Piernas temblando, jugos por sus barbillas. Luego se pone de pie, polla contra mi entrada. ‘Te voy a follar como una perra.’ Empuja. Entra de golpe, llenándome. ‘¡Ay, sí, más fuerte!’ Le ruego. Me taladra, cachetazos en el culo, tetas rebotando contra la madera fría. Sudor goteando, olor a sexo puro. Cambio: me sube a la mesa, piernas abiertas. Me la mete hasta el fondo, bolas golpeando mi ojete. ‘Córrete dentro, no pares.’ Gimo. Él gruñe, acelera. ‘Me vengo, joder.’ Caliente, espeso, llenándome el coño. Yo exploto, contracciones, chorros mojando todo.
Respiro agitada, él saliendo despacio, semen chorreando por mis muslos. Nos miramos, riendo nerviosos. ‘Vaya polvazo.’ Dice limpiándose con un kleenex. Yo me bajo la falda, arreglo el pelo. ‘Rápido, que viene el jefe.’ Recogemos papeles, fingimos ordenar. Salimos como si nada, sonrisas cómplices. Vuelvo a mi mesa, coño palpitando aún, gotas dentro. Él me guiña: ‘Mañana repetimos?’ Asiento disimulada. Adrenalina brutal, el riesgo de que nos pillen… me encanta. Trabajo normal, pero con el secreto ardiendo.