Follada salvaje con mi jefe en la oficina: la adrenalina de ser pillada

Hoy volví al curro después de unos días off. El primer día siempre es un caos: mails acumulados, reuniones non stop. Andrés, mi jefe, está en su despacho. Ese tío me pone cardíaca desde el primer día. Alto, con esa mirada que te desnuda. Paso por su puerta entre dos citas, solo para saludar. ‘Hola Andrés, ¿puedo molestarte un segundo?’ Entro, cierro la puerta. Él sonríe, ‘Pasa, cierra bien’. Hablamos de trabajo, pero sus ojos bajan a mis tetas, a mis piernas cruzadas. Siento el calor subiendo. ‘Gracias por todo lo que has hecho por mí’, le digo, mordiéndome el labio sin querer. Él se ríe bajito, ‘No hace falta agradecer, pero… acepto’. Nos miramos fijo, el aire se espesa. Mi coño palpita ya. Sé que no debería, pero joder, esa adrenalina de follar en el curro me flipa.

Salimos a almorzar al Milord, ese restaurante íntimo a dos calles. Salas privadas arriba, sin camareros hasta que suenas. Pedimos, nos sentamos en los sillones de terciopelo. ‘¿Qué me querías decir de verdad?’, pregunta él, rozando mi rodilla con la suya. Dudo, ‘Bueno… eh… solo charlar del proyecto’. Pero su mano sube por mi muslo, bajo la falda. ‘Mientes fatal’, susurra. Mi respiración se acelera. Le miro la polla abultándose en los pantalones. ‘Aquí nadie nos oye’, dice, y me besa el cuello. El espacio es nuestro, privado total. Le empujo un poco, ‘¿Y si nos pillan?’, pero ya estoy mojada perdida. Él me agarra la nuca, ‘Eso es lo que mola’. La tensión explota.

La tensión sube entre miradas y papeles

Me sube la falda, rasga mis bragas. ‘Joder, estás chorreando’, gruñe. Le bajo la cremallera, saco esa polla gorda, venosa, dura como piedra. Se la meto en la boca, chupando fuerte, lamiendo el glande salado. ‘Así, puta, trágatela toda’, jadea. Me folla la garganta, saliva por todos lados. Me pone de rodillas en el sillón, me abre las nalgas. ‘Mira ese coño rosa, pidiéndomela’. Me clava la lengua en el culo primero, lamiendo mi ano mientras frota mi clítoris. Gimo alto, ‘¡Fóllame ya, Andrés!’. Empuja su polla de un golpe, hasta el fondo. Duele y mola. Me taladra salvaje, bolas chocando contra mi culo. ‘¡Más fuerte, joder!’, grito. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo, tetas rebotando. Me pellizca los pezones, me azota el culo. ‘Córrete, zorra’. Exploto, coño contrayéndose alrededor de su verga. Él se corre dentro, leche caliente llenándome. Sudor, olor a sexo puro.

Respiro agitada, él se sube los pantalones. ‘Vístete rápido, tenemos reunión en diez’. Me limpio con servilletas, el semen goteando aún. Nos miramos, risas nerviosas. ‘Como si nada’, dice. Bajamos, pedimos la cuenta. Volvemos al despacho, yo cojeando un poco, sonrisa tonta. ‘Buen almuerzo, ¿no?’, guiña él. Asiento, abro mi portátil. Adrenalina pura, coño palpitando todavía. Mañana más, sé que repetiremos. El curro nunca fue tan excitante.

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