Era un viernes tarde, el oficina casi vacío. Yo, trabajando hasta las tantas en unos informes. Mi jefe, Carlos, de unos 45, entra a revisar los dossiers. Elegante, con esa camisa ajustada que marca su paquete. Nos miramos… eh, un poco más de lo normal. ‘¿Todo bien, Laura?’, dice, acercándose. Su aliento huele a café, sus ojos bajan a mi escote. Yo sonrío, nerviosa, cruzo las piernas bajo la mesa. Siento el calor subiendo.
Seguimos hablando de números, pero las miradas se clavan. Él se sienta al borde de mi escritorio, su rodilla roza la mía. ‘Estás estresada, ¿verdad? Necesitas desconectar’, murmura. Mi corazón late fuerte. La puerta está entreabierta, pero oigo pasos lejanos. Adrenalina pura. Le digo: ‘Sí, jefe, mucho… pero aquí no paramos’. Él se ríe bajito, cierra la puerta con llave. Clic. Ahora somos solos. El espacio se hace íntimo, el aire espeso. Su mano roza mi muslo por debajo de la falda. ‘¿Quieres que te ayude a relajarte?’, pregunta, voz ronca.
La tensión sube entre papeles y miradas
Me levanto, temblando un poco. Lo empujo contra el escritorio. ‘Joder, Carlos, siempre te miro el bulto en las reuniones’. Él gime, me besa el cuello, mordisquea. Sus manos suben mi falda, palpando mi tanga húmeda. ‘Estás empapada, puta’, dice. Le bajo el pantalón. Dios, qué polla. Gorda, venosa, colgando pesada. Mido con la mano: gruesa como mi muñeca. ‘Hostia, esto es un monstruo’, susurro, fascinada. Él se ríe: ‘Pruébala, Laura’.
Me arrodillo, el suelo duro del oficina. Saco su verga, el olor a hombre me marea. Prepuccio largo, glande enorme debajo. La chupo despacio, lengua en el frenillo. Se pone tiesa rápido, 18 cm de puro calibre. ‘Joder, qué boca’, gruñe, agarrándome el pelo. Le meto las pelotas en la boca, pesadas, saladas. Él jadea, ‘No pares, coño’. Le mamaba fuerte, babas por todas partes, pero esa grosura me estira la boca al límite. No entra toda. Cambio a manos: branlo lento, admirando cómo palpita.
El polvo brutal y el clímax prohibido
Me pone sobre la mesa, papeles volando. Baja mi tanga, lame mi coño chorreante. ‘Qué rico chocho, Laura’. Su lengua en mi clítoris, dedos en mi culo. Me corro rápido, gritando bajito por si alguien oye. ‘Cállate o nos pillan’, dice riendo. Lubrica su polla con mi jugo. ‘¿Quieres que te folle el culo? Sé que te mola el riesgo’. Dudo: ‘Es enorme, joder… pero sí, métemela’. Unta saliva, apunta. Duele al principio, el anillo se abre forzado. ‘Ahhh, despacio…’, gimo. Entra el glande, me parte. Empuja suave, pelotas contra mí. Lleno total.
Empieza a bombear, mesa cruje. ‘Qué culo apretado, puta de oficina’. Yo: ‘Fóllame fuerte, jefe, rómpeme’. Ritmo brutal, sudor, slap-slap de carne. Siento su grosor masajeando adentro, prostateándome el placer. Me corro otra vez, coño vacío pero explotando. Él acelera: ‘Me corro, hostia’. Saca, chorros calientes en mi cara, boca. Trago, cremoso, salado. Limpio su verga con lengua, aún gorda.
Respiramos agitados. Se sube el pantalón, yo me limpio con kleenex. ‘Vuelve al curro, como si nada’, dice guiñando. Recojo papeles, sonrío: ‘Sí, jefe’. Salimos, luces apagándose. Adrenalina residual, coño palpitando. Mañana, reunión normal. Nuestro secreto.