Trabajo en una oficina de abogados, ya sabes, mucho papeleo, estrés y miradas que queman. Mi compi Sofia, esa morena alta con tetas que no caben en la blusa, llegó hace meses. Nos hicimos amigas rápido, charlas en la máquina de café, risas… pero yo notaba algo. Sus ojos claros se clavaban en mí, en mis curvas. Yo soy abierta, me flipa el morbo del curro, el riesgo de que nos pillen.
Un viernes tarde, solos casi todos. El jefe, Carlos, un tipo maduro con polla que se nota bajo los pantalones, nos llama a su despacho para revisar expedientes. Nos sentamos apretados en la mesa grande, Sofia a mi lado, su muslo rozando el mío. ‘Mira este caso, chicas’, dice él, pero yo solo veo cómo Sofia me mira el escote. Siento su aliento caliente en el cuello. Mi coño empieza a humedecerse, eh… no sé, la adrenalina sube. Le pongo la mano en la rodilla por debajo de la mesa, ella no se aparta, al revés, aprieta.
La tensión sube entre los expedientes y las miradas
Carlos se da cuenta, carraspea. ‘Hace calor aquí, ¿no?’. Yo sonrío, pícara. ‘Sí, jefe, mucho’. Sofia se muerde el labio, su mano sube por mi falda. Joder, el corazón me late fuerte, la puerta está entornada, cualquier podría entrar. Pero eso me pone más. ‘Sofia, ¿tú qué piensas de este expediente?’, le pregunto, mientras sus dedos rozan mi tanga. ‘Me… me parece jugoso’, susurra, y mete un dedo dentro. Gimo bajito, Carlos abre los ojos. ‘¿Qué pasa aquí?’, pero su polla ya abulta.
Nos miramos los tres. ‘Jefe, ¿cerramos la puerta?’, digo yo, voz ronca. Él se levanta, echa el pestillo. Ya está, el espacio es privado. Sofia me besa, lengua dentro, salvaje. Sus tetas contra las mías, duras. Carlos nos mira, se toca por encima del pantalón. ‘Folladme con los ojos primero’, dice.
Sofia me arrastra al sofá del despacho, me sube la falda. ‘Quiero tu coño, nena’, murmura. Le arranco la blusa, chupó sus pezones grandes, rosados. Carlos se baja los pantalones, su polla gorda salta, venosa. ‘Mira qué polla, Sofia’, le digo. Ella la mira, duda… ‘Yo… solo chicas, pero…’. Yo la empujo hacia él, ‘Chúpala, puta’. Ella obedece, lengua en el glande, saliva chorreando.
El polvo crudo, intenso y sin filtro
Me pongo a cuatro patas en el sofá, Sofia me lame el coño desde atrás, lengua profunda en mis labios hinchados, chupando mi clítoris. ‘¡Joder, qué mojada estás!’, dice. Carlos me mete la polla de un empujón, hasta el fondo, me folla duro, plaf plaf. Huele a sexo, sudor, mi coño chorrea. ‘Mea en mi boca’, le pido a Sofia. Ella se arrodilla, yo me agacho un poco, orino en su cara, caliente, ella traga, se toca el coño peludo. ‘¡Sí, más!’, gime.
Cambio, me tumbo. Sofia se sienta en mi cara, su coño mojado me ahoga, pelo en la lengua, le meto tres dedos, la fisto fuerte. Carlos la folla por detrás, en el culo, lubricado con mi pis. ‘¡Ah, coño, qué apretado!’, gruñe él. Ella grita, orgasmea, chorros en mi boca. Yo me corro con su lengua en mi ano, Carlos saca y me llena la cara de leche espesa, caliente.
Paramos jadeando. Nos limpiamos rápido con kleenex, ropa arrugada. ‘Venga, a currar como si nada’, dice Carlos, serio. Sofia me guiña, ‘Mañana repetimos?’. Salimos, expedientes en mano, sonrisas falsas. El curro sigue, pero mi coño palpita aún.