Ay, chica… fue hace nada, ¿eh? En la oficina, ya sabes, ese sitio donde todos fingimos ser serios. Yo, con mi falda ajustada, clasificando expedientes con Javier. Ese tío… mmm, alto, con esa sonrisa pícara. Nuestras miradas se cruzaban todo el rato. ‘Pásame ese dossier’, me decía, y su mano rozaba la mía. Electricidad, ¿sabes? El corazón latiendo fuerte.
El aire olía a papel viejo y café rancio. La impresora zumbaba al fondo, cubriendo susurros. Yo sentía su mirada bajando por mi escote. ‘Estás distraída hoy, ¿no?’, murmuró, acercándose. Dudé, euh… ‘Culpa tuya’, le solté bajito. Reímos nervioso. La oficina llena de gente, pero nadie miraba. Adrenalina pura, el miedo a que nos pillen me ponía cachonda.
La tensión sube entre expedientes y miradas
De repente, ‘Ven, ayúdame con los archivos del fondo’, dijo. Sala pequeña, puerta entreabierta. Espacio privado ya. Entramos, luces tenues. Cerró un poco la puerta, clic. Sus ojos brillaban. ‘Joder, no aguanto más’, susurró. Me arrimó al estante, beso salvaje. Lenguas enredadas, dientes chocando. Sabor a menta y deseo. Sus manos en mi cintura, bajando despacio.
Yo… arqueé la espalda. ‘Shh, que nos oyen’, gemí. Pero no paré. Desabroché su camisa, piel caliente. Él subió mi falda, rozó mis muslos. Brisa fresca en las piernas. Mi tanga ya empapada. Me giré un poco, asegurándome que nadie. Bajé la cremallera del pantalón… no, falda. La dejé caer a los tobillos. Pies atrapados, vulnerable. Me froté contra su pierna, lento, ondulante. Su pantalón áspero contra mi coño. ‘Mmm, qué puta estás’, gruñó bajito.
Se apoyó en el estante, me pegó a su polla dura. La notaba como hierro. Manos en mi culo, apretando carne. Metió dedos por el tanga, resbaladizos. ‘Estás chorreando, joder’. Sí, coño empapado. Jugaba con mi clítoris, círculos viciosos. Yo gemía suave, mordiéndome el labio. Olor a sexo mezclado con polvo de papeles. Arriba, chemisier abierto, sujetador subido. Pellizcaba tetas, tiraba pezones. Dolor-placer, fuego.
El acto brutal: dedos en el coño y temblores
Sus dedos entraron en mi coño, dos de golpe. Follando adentro, curvados en el punto G. ‘Así, cabrona, córrete’. Yo me movía, cabalgando su mano. Piernas temblando, rodillas flexionadas. El tanga a un lado, expuesta. Clítoris hinchado, frotándose en su palma. Sudor perlando piel. Ruido lejano de teléfonos, recordándonos el riesgo. Más adrenalina, más caliente.
No aguanté. Onda eléctrica, músculos tensos. ‘Me corro… joder… ahhh’. Temblores violentos, coño contrayéndose alrededor de sus dedos. Chorros de jugo, mojando todo. Orgasmo brutal, limpiándome el alma. Me quedé jadeando, fría de golpe contra el metal del estante. Él… con cara de niño travieso, polla a punto de explotar frotándose en mi muslo.
‘¿Y yo?’, protestó, voz ronca. ‘Espera, dame un segundo’, murmuré, riendo flojo. Me subí la falda, arreglé el pelo. Él se ajustó los pantalones, gruñendo. ‘Luego te follo bien’, prometió. Beso rápido, dulce. Abrimos la puerta, salimos normales. Volvimos a los escritorios, sonrisas cómplices. ‘¿Todo bien?’, preguntó un compañero. ‘Sí, perfecto’, dijimos al unísono. Como si nada. Pero mi coño aún palpitaba, recordándome el secreto. Trabajo normal, pero con fuego dentro.