Follada salvaje en la oficina: el riesgo de ser pillada me pone a mil

Ay, chicas, no os imagináis lo que me pasó ayer en la oficina. Estaba yo allí, entre los archivadores del fondo, clasificando papeles aburridos. De repente, aparece Raúl, mi compañero ese que siempre me mira con ojos de lobo. Venía cabreado, eh. ‘María, ¿qué coño pasa con lo de Kevin?’, me suelta de sopetón. Yo, que no sé de qué va la cosa, le digo: ‘¿Qué? ¿De qué hablas, Raúl?’. Él se acerca más, su aliento caliente en mi cuello. ‘No me jodas, que me han dicho que te lo has follado. En el baño de chicas, ¿eh?’. Me pongo roja, pero no de vergüenza, de excitación. Ese cabrón siempre me pone así, con su voz grave y su cuerpo pegado al mío.

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Miro alrededor, la sala está vacía, solo el zumbido del aire acondicionado. ‘Raúl, estás loco. Kevin es un gilipollas, no me tocaría ni con un palo’. Pero él no se cree una mierda. Me agarra la muñeca, fuerte. ‘Júramelo, María. Júralo por lo que quieras’. Yo sonrío, juguetona. ‘Te lo juro por mi coño, que no ha visto la polla de Kevin’. Se queda quieto, sus ojos bajan a mis tetas, que se marcan bajo la blusa. La tensión sube, noto su paquete endureciéndose contra mi muslo. ‘Eres una puta mentirosa’, murmura, pero ya me está besando el cuello. Empujo los archivadores, hacemos espacio. El corazón me late a mil, ¿y si entra alguien? Esa adrenalina me moja el tanga.

La tensión sube entre los archivadores

Sus manos bajan a mi falda, la sube de un tirón. ‘Quítamelo todo’, le digo jadeando. Me arranca las bragas, las tira al suelo. Yo le bajo la cremallera, saco su polla dura como una piedra, venosa, palpitante. ‘Mírala, cabrón, esta sí que es para ti’. Me da la vuelta, me empotra contra el metal frío del archivador. Siento su glande rozando mi coño empapado. ‘Vas a gritar’, me dice al oído. Empuja de golpe, toda la verga dentro, hasta el fondo. ‘¡Joder, sí!’, gimo. Me folla brutal, embestidas salvajes, el archivador tiembla. Sus huevos chocan contra mi culo, plaf plaf. Le araño la espalda, ‘Más fuerte, rómpeme el coño’. Él me agarra las tetas, me pellizca los pezones duros. Cambio de posición, me sube encima, piernas abiertas. Me monta como un animal, su polla entra y sale, chorreando mis jugos. ‘Tu coño es mío, puta’, gruñe. Yo me corro primero, temblando, apretándolo con las paredes. Él sigue, sudado, oliendo a macho. ‘Me voy a correr dentro’, avisa. ‘Hazlo, lléname’, le ruego. Eyacula a chorros, caliente, rebosando por mis muslos.

Nos quedamos jadeando, pegados, sudorosos. Su polla aún dentro, palpitando. ‘Joder, María, eres increíble’, susurra. Yo sonrío, beso su boca salada. ‘Pero ahora, a trabajar, como si nada’. Nos separamos despacio, me limpio con unas toallitas del bolso, el semen goteando aún. Me pongo las bragas, arreglo la falda. Él se sube los pantalones, nos miramos, cómplices. ‘Nadie debe saberlo’, digo seria. Él asiente. Salimos por separado, yo primero. Vuelvo a mi mesa, abro el Excel como una santa. Raúl pasa, guiño de ojo. El resto del día, normalidad total. Pero mi coño palpita recordándolo. Esa mierda del riesgo… adictiva. ¿Repetimos pronto?

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