Mi polvo prohibido en la oficina con el compañero gordo

Trabajo en una oficina grande, de esas con ventanales que dan a la ciudad. Hoy quedamos solos Javier y yo para acabar un informe. Él es el típico: un poco creído, familia con pasta, siempre con el móvil último modelo. No me cae mal del todo, pero… no sé, tiene algo que me pone nerviosa. Es bajito, rellenito, fácil unos cien kilos. Sus padres no vienen por aquí, y el resto del equipo ya se ha pirado. Solo nosotros en el open space enorme.

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Estamos sentados en mi mesa, rodeados de carpetas. Nuestras rodillas se rozan. ‘¿Te gustan las pelis porno?’, me suelta de repente mientras zapea en su portátil. Lo miro, sorprendida. ‘Bueno… a veces’, digo bajito, sintiendo un calor en la cara. ‘Tengo una buena, orgías everywhere. ¿La vemos?’. Sube a una estantería y saca un pendrive de un cajón escondido. ‘Mi rincón secreto, el jefe no mira aquí’.

La tensión sube entre carpetas y miradas

No rebobina, empieza en medio: una tía vestida de sirvienta chupando una polla mientras otro la taladra por detrás. Gemidos, sudores… Yo trago saliva. Él se acerca más, su muslo contra el mío. ‘Mira cómo la follan, en todos los agujeros’. Pasan planos de la polla entrando en el coño lampiño, otra en la boca. Suspiros… Un tío en la esquina se hace una paja mirando. Mi corazón late fuerte. Siento su mirada en mí.

Avanza la peli: los tíos se enculan, el viejo metiendo la verga al joven. Javier no quita ojo, se toca las eggs disimuladamente. ‘¿Has probado con tíos?’, me pregunta. ‘No… bueno, quizás’, miento un poco. Recuerdo mis movidas pasadas, pero eso es otro rollo. Él se ríe. ‘¿Y si nos hacemos una pajita mutua?’. Desabrocha el pantalón, saca una polla gorda, semi-dura. Joder, es enorme, no muy larga pero gruesa como mi muñeca. ‘Venga, saca la tuya… digo, enséñame’.

Dudo. ‘Javi… ¿y si alguien entra?’. Pero el espacio se siente privado ya, luces bajas. Me acerco. Él me agarra la mano, la pone en su paquete. Caliente, pesado. ‘Chúpamela, sé que te mola’. Huele fuerte, a macho sudado. Me arrodillo entre sus piernas, en la moqueta de la oficina. Lamo el capullo, salado. ‘¡Eso, trágatela!’. La meto en la boca, me llena toda. Él gime, mano en mi pelo.

‘Súper bien chupas… Eres una puta en potencia’. Le como los huevos, masturbo el tronco. Duro como piedra. ‘Venga, a mi despacho, más tranquilos’. Subimos las escaleras, cierra con pestillo. Me tira en el sofá, me besa torpe, lengua gorda. ‘Quítate todo, quiero verte desnuda’. Me arranco la falda, braguita. Él se desnuda: barriga enorme, pechos de gordo. Enciende la webcam. ‘Para verme luego pajearme viéndonos’.

El sexo crudo e intenso sin filtros

Me tumba, se pone encima, pesado, asfixiante. Su polla roza mi coño mojado. La chupo de nuevo, él a cuatro patas sobre mí. Gorda, venosa. Crache en los dedos, me mete uno en el culo. ‘Joder, qué culito apretado… ¿Te lo han metido ya?’. ‘Sí… fóllame el culo’. Dos dedos, tres. Me abre. ‘Dime guarradas: quiero tu polla gorda reventándome el ojete’.

Capote puesto, me levanta las piernas. El glande presiona mi ano. Duele al principio, enorme. ‘¡Pide más!’. ‘¡Métemela, rómpeme el culo con esa verga gorda!’. Empuja. Grito ahogado, me parte en dos. Lento al inicio, luego embiste fuerte. Barriga chocando mis muslos, plaf plaf. ‘¡Te encanta mi polla en tu culo de puta!’. Me folla brutal, sudado, gruñendo. Me corro gritando, coño chorreando sin tocarlo.

Me pone a cuatro, me clava hasta el fondo. ‘¡Me vengo!’. Siento los chorros en el capote, él temblando. Se sale, me unta el culo con su polla babosa. Miramos el vídeo: mi cara de placer mientras me ensarta. ‘Joder, qué puta eres’.

Son las 8, hay que currar. Me visto rápido, él también. ‘Ni una palabra’. Bajamos, seguimos con los dossiers como si nada. Pero mi culo palpita, sonrisa pícara. Adrenalina total, casi pillados. Quiero más.

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