Ay, chicas, no os imagináis lo que me pasó el viernes pasado en la oficina. Trabajo en un despacho de abogados, open space con cubículos, pero el mío tiene una puerta que cierra. Ahmed, el nuevo contable, marroquí guapísimo, musculoso, con esa piel morena que me vuelve loca. Llevábamos días mirándonos, rozándonos ‘sin querer’ al pasar papeles. Ese día, fin de mes, dossiers por todos lados. Él entra con una pila: ‘Sofía, ¿me ayudas con estos?’. Su voz grave, eh… me pone la piel de gallina.
Nos sentamos pegados, rodillas tocándose. ‘Mira este…’, dice, inclinándose. Huelo su colonia, sudor masculino. Levanto la vista, sus ojos negros fijos en mis tetas, bajo la blusa ajustada. Sonrío, coqueta: ‘¿Qué miras tanto?’. Él ríe bajito: ‘No puedo evitarlo, estás… jodidamente buena’. El aire se carga, coño. Mi mano roza su muslo por ‘accidente’. Se tensa. ‘Ahmed, ¿y si cerramos la puerta? Para concentrarnos…’. Él se levanta rápido, gira la llave. Clic. Ahora sí, espacio privado. Solo nosotros, el zumbido del aire acondicionado y mi corazón latiendo como loco. Adrenalina pura, pensando en que al lado está Laura, mi compañera cotilla, con oídos de radar.
La tensión sube entre papeles y miradas calientes
Me empuja contra la mesa, labios en mi cuello. ‘Joder, Sofía, te follo aquí mismo’. Sus manos grandes aprietan mis tetas, pezones duros al instante. Yo gimo bajito: ‘Shh, nos oirán… pero no pares’. Le bajo la cremallera, su polla salta, gruesa, venosa, cabezona ya goteando. ‘Mira esta verga, Ahmed…’. La agarro, masturbo fuerte. Él gruñe, mete mano en mi falda, braga empapada. Dedos dentro: ‘Coño chorreando, puta cachonda’. Me come la boca, lengua invasora, saliva mezclada.
De repente, golpes en la puerta. ‘¡Sofía! ¿Todo bien? Sonaba un ruido raro…’. ¡Laura! Yo jadeando, Ahmed con la polla tiesa fuera. ‘Eh… sí, todo bien. Se cayó una pila de papeles…’. Silencio. ‘¿Segura? Gritas como si te estuvieran… agrediendo’. Risa nerviosa mía: ‘No, no… es que… ay, un calambre. Vete, porfa’. Se va, pero sé que espía. Ahmed susurra: ‘Casi nos pilla la zorra esa’. Eso me excita más. ‘Invítala’, dice él, pillándome la indirecta.
El polvo brutal: polla dura, coños mojados y sin piedad
Abro un poco, Laura ahí, ruborizada: ‘Perdona, es que… oí gemidos’. Le sonrío pícara: ‘Ven, únete. Ahmed está para partir’. Dudó: ‘¿En serio? No quiero…’. Pero entra, cierra. Sus ojos en la polla de él: ‘Joder, qué pedazo’. Yo la beso, suave al principio. ‘Relájate, guapa’. Sus labios tiemblan, lengua tímida. Ahmed nos mira, pajeándose. Le bajo el pantalón a Laura, coño pelirrojo, labios hinchados. ‘Prueba su verga’, le digo. Ella se arrodilla, chupa ansiosa: glup glup, saliva cayendo. Yo me quito la blusa, tetas libres, pezones rosados. Ahmed me come un pezón, mordiendo: ‘Tetas perfectas, puta’.
La pongo a cuatro sobre la mesa, él atrás: ‘Pónselo, fóllala crudo’. Condón? ‘Ni de coña, directo’. Polla entra en su coño: plac, plac. Ella grita: ‘¡Aaaah, me parte!’. Yo debajo, lamiéndole el clítoris, sabor salado. Cambio: yo encima, cabalgo su polla dura, coño apretando: ‘¡Sí, jódeme, árabe cabrón!’. Laura me besa, dedos en mi culo. Él embiste: ‘Coños apretados, me corro…’. No, aguanta. Me pone a mí de perrito, polla en coño, saca, mete en culo de Laura: ‘¡Dueleee, pero qué rico!’. Yo froto mi clítoris, squirteo en su cara. Él ruge, saca, leches en nuestras tetas: chorros calientes, pegajosos.
Jadeamos, sudor por todos lados. Olor a sexo, mesas revueltas. ‘Rápido, vestíos’, digo. Ahmed se sube pantalón, polla aún semi. Laura se limpia con kleenex: ‘Ha sido… increíble. No diré nada’. Yo me arreglo falda, pelo: ‘Como si nada. Mañana más?’. Guiños. Salimos por turnos. Vuelvo a mi silla, tecleo como una loca, coño palpitando, sonrisa tonta. Laura pasa: ‘Buen fin de semana’. Ahmed: ‘Nos vemos, jefa’. Nadie sospecha. Adrenalina brutal, quiero repetir ya.