Mi follada prohibida en la oficina con mi compañera irresistible

Hoy en el curro, no paraba de mirarla. Ana, la nueva de contabilidad. Pelo corto, rubia, cuerpo atlético como de gym. Yo en mi mesa, apilando carpetas, pero mis ojos se clavaban en sus piernas cruzadas. Se notaba el tanga bajo la falda. Me mordí el labio. ‘Joder, qué ganas’, pensé. Ella levantó la vista, sonrisa pícara. ‘¿Todo bien, Carmen?’, dijo bajito. Asentí, pero el calor me subía por el coño.

La oficina estaba a reventar de gente, pero nuestro rincón era semi-privado. Archivos altos nos tapaban un poco. Se acercó con unos papeles. ‘Firma aquí’, murmuró, inclinándose. Su perfume me invadió, mezcla de sudor y algo dulce. Su mano rozó la mía, deliberado. Sentí un cosquilleo. ‘Eres… intensa hoy’, susurró. Tragué saliva. ‘Tú me pones así’. Nuestras rodillas se tocaron bajo la mesa. El roce era eléctrico. Miradas fijas, respiraciones pesadas. Nadie se enteraba, pero el riesgo me mojaba más.

La tensión sube entre carpetas y miradas

De repente, ‘Venga, a la sala de reuniones’, dijo ella. Cerró la puerta con pestillo. Espacio privado al fin. Nos quedamos solas, el aire cargado. ‘No aguanto más’, soltó, empujándome contra la mesa. Sus labios en los míos, beso húmedo, lengua invasora. Manos por todas partes. Le subí la falda, palpé su culo firme. ‘Qué coño tan caliente’, gemí. Ella me desabrochó la blusa, mamó mis tetas. ‘Estas pechugas… joder, qué ricas’. Chupaba fuerte, mordisqueaba pezones duros.

La tumbé en la mesa, papeles volando. Le arranqué el tanga. Su coño depilado, labios hinchados, brillando de jugos. ‘Lámeme, puta’, ordenó. Me arrodillé, lengua en su raja. Sabor salado, dulce. Lamí el clítoris, hinchado como una perla. ‘Sí, así, cabrona’. Metí dos dedos, follándola duro. Chapoteaba, estaba empapada. Ella gemía bajito, ‘No pares, me corro’. Su culo se contraía, chorros en mi boca. Orgasmos brutal, cuerpo temblando.

El polvo brutal y sin filtros

Ahora me tocaba. Me puso de pie, pantalón abajo. ‘Mira tu chochito peludo, qué guarro’. Me abrió las piernas, dedos en mi coño chorreante. ‘Estás hasta arriba de leche’. Me frotó el clítoris, rápido, circular. ‘Fóllame con la lengua’, supliqué. Se hundió, lamiendo profundo. Su nariz en mi pubis, frotando. Metí su cabeza, cabalgándola. ‘Joder, qué lengua de zorra’. Sentí el orgasmo subir, vientre apretado. ‘Me vengo, aaaah’. Explosión, jugos por sus labios. Piernas flojas, casi caigo.

Pero no acabó. Se giró, 69 sobre la mesa. Coños frente a caras. Lamidas mutuas, dedos en culos. ‘Métemela por el ojete’, jadeó. Dedo aceitado con saliva, entrando suave. Ella igual, mi ano virgen ardiendo. Gemidos ahogados, miedo a que oyeran. ‘Córrete otra vez, perra’. Clímax doble, cuerpos sudados pegados. Olía a sexo puro, sudor, corrida.

De golpe, silencio. Se levantó, limpiándose la boca. ‘Vístete, que viene el jefe’. Rápido, blusa, falda. Papeles recolocados, caras serias. Abrió la puerta, volvimos a mesas como si nada. ‘Gracias por los papeles’, dijo alto. Sonreí, coño palpitando aún. Adrenalina máxima, secret guardado. Mañana, más.

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