Ay, chicas, no os imagináis lo que me pasó el otro día en la oficina. Estaba hecha mierda con mi ex, ¿sabéis? Habíamos roto después de un aborto que él rechazó de malas formas, me llamó puta delante de amigos… Me dejó destrozada. Pero en el curro, hay que seguir, ¿no? Llego al despacho, con mi blusa blanca algo transparente, falda ajustada, sin sujetador porque… bah, qué más da.
Entra este tipo, unos cincuenta tacos, cara roja como tomate, barriga de cerveza, pelo gris en las sienes. Vendedor de cursos de idiomas online. ‘Buenos días, señora, ¿puedo explicarle mi método acelerado?’ Me siento tras mi mesa, rodeada de carpetas, y él enfrente. Empieza su rollo, pero noto sus ojos… bajando a mis tetas. Pequeñitas, sí, como peras, pero mis pezones se marcan un poco con el aire acondicionado. Me muerdo el labio. ‘Eh… sí, cuéntame más’, digo, cruzando las piernas.
La tensión sube entre carpetas y miradas
La puerta está entreabierta, colegas fuera, pero bajo la persiana un poco. ‘Pasa, cierra, que hay ruido’. Ahora estamos solos. Él tartamudea sobre verbos irregulares, pero sus ojos no paran en mi escote. Siento un cosquilleo en el coño, humedad ya. Hace calor, me quito la chaqueta. ‘¿Te gustan? ¿Mis tetas?’, suelto de repente, voz ronca. Se queda tieso. ‘¿Q-qué?’. Río bajito. ‘Venga, no disimules, las miras desde que entraste’. Me desabrocho un botón, dos. Mis tetitas al aire, pezones duros como piedras.
Él se levanta torpe, rodea la mesa. ‘Joder, son… perfectas’. Me agarra, chupa un pezón fuerte, lengua áspera. Gimo. ‘Sí, chúpamelas, cabrón’. Su aliento a tabaco y café, pero me pone más. Manos en mi falda, sube, dedos en mi tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’. ‘Sí, fóllame ya’. Empujo papeles, me subo a la mesa fría. Tazas caen, crash, pero qué coño, adrenalina a tope, si alguien entra…
El polvo brutal sin frenos
Me arranca la tanga, dos dedos en mi coño, va-et-vient brutal. ‘¡Ah! Más, joder’. Piernas temblando, jugos por muslos. Me lame el clítoris, lengua experta, exploto. ‘¡Me corro!’. Chorros en su cara barbuda, él lame todo. ‘Sabe a miel, zorra’. Se baja pantalones, polla gorda, venosa, cabezona. No condón, qué más da. Me penetra de golpe, mesa cruje. ‘¡Fóllame duro!’. Embestidas profundas, lento primero, luego salvaje. Sus bolas peludas chocan mi culo, barriga sudada contra mí.
Lo monto, polla clavada, tetas en su boca. ‘¡Chupa, lame!’. Grito ahogado, orgasmo tras orgasmo. Él gruñe: ‘Te lleno, puta’. Siento su leche caliente, chorros en mi útero. ‘¡Sí, dame todo!’. Nos corremos juntos, sudor, olor a sexo por todo el despacho. Jadeamos, él aún dentro, besos babosos.
Pasan minutos. ‘Joder, ha sido… brutal’. Se viste rápido, yo me limpio con kleenex, jugos por piernas. ‘No le digas a nadie’. Sonrío. ‘Vuelve cuando quieras’. Él sale, yo abro persiana, recojo papeles rotos. Vuelvo al ordenador, como si nada. Corazón a mil, coño palpitando, sonrisa pícara. Mañana más curro, pero esto… inolvidable. ¿Y si alguien olió? La emoción me mata.