Mi polvo prohibido en la oficina: la polla enorme de mi compañero me volvió loca

Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Trabajo en una oficina de contabilidad en Madrid, ya sabes, mesas llenas de papeles, ordenadores zumbando todo el día. Mi compañero de al lado, Pablo, es un tío normal, pero desde hace unas semanas… uf, lo noto raro. Siempre con el pantalón ajustado, como si tuviera una erección constante. Yo, que soy superabierta, lo miro de reojo mientras archivado facturas. Sus ojos se clavan en mis tetas cuando me inclino, y yo… bueno, me mojo un poco pensando en bravar el interdit.

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Era tarde, casi las 23h, la oficina vacía salvo nosotros terminando informes. ‘Pablo, ¿me ayudas con este dossier?’, le digo, voz bajita, mordiéndome el labio. Él se acerca, su aliento caliente en mi cuello. Siento su polla dura rozando mi culo contra la mesa. ‘Joder, Marta, no sé qué me pasa hoy’, murmura, rojo como un tomate. Yo me giro, le miro la bragueta hinchada. ‘¿Qué coño es eso? ¿Llevas toda la tarde así?’. Él confiesa: pastillas para la libido, accidente pasado, testículos hinchados… Me excita la vulnerabilidad. Le arrincono al despacho de reuniones, cierro la puerta. ‘Muéstramela’, susurro, corazón latiendo fuerte. Adrenalina pura, por si alguien entra.

La tensión subiendo entre papeles y miradas calientes

Sus manos tiemblan quitándose el pantalón. ¡Madre mía! Polla enorme, venosa, goteando precum. Cojones rasurados, gordos como huevos. ‘Tócame, por favor’, gime. Yo la agarro, dura como piedra, piel suave. ‘Eres un puto semental’, le digo, masturbándola lento. Él jadea, me besa el cuello, manos en mis tetas por la blusa. Nos desnudamos rápido: yo en tanga empapada, él desnudo, polla tiesa apuntando al techo. Nos tiramos al sofá del despacho, olor a sudor y papeles viejos. ‘Fóllame ya’, le ruego, abriendo piernas. Pero él duda: ‘Es tan grande, te haré daño’. ‘¡Joder, métela!’.

Primero me la chupa el coño, lengua en mi clítoris hinchado, labios gordos chupados. Gimo bajito, ‘Sí, así, cabrón’. Luego su boca en mi polla—no, su polla en mi boca. La engullo, un tercio apenas cabe, garganta profunda, saliva goteando. ‘Me encanta chupar pollas gordas’, balbuceo. Él me agarra la cabeza, folla mi boca: ‘¡Puta, qué buena boca!’. Cambio de posición: a cuatro patas, él lamiéndome el culo, dedo en ano. ‘Tu ojete es delicioso’, gruñe. Penetra mi coño de un empujón, duele y mola. ‘¡Qué coño apretado!’, grita, embistiendo brutal. Paredes de coño estiradas, clítoris frotando su pubis. Cambio a anal: lubricado con mis jugos, entra lento. ‘¡Despacio, joder!’. Una vez dentro, folla como animal, cojones golpeando mi clítoris. ‘¡Te follo el culo, zorra!’.

El sexo brutal: polla dentro, gemidos y squirt sin control

Yo me corro primero, squirt salpicando el suelo. ‘¡Mira cómo gico por ti!’. Él saca, me pone de rodillas: mano rápida en polla, yo meto cuatro dedos en coño, masturbándome. ‘¡Dame tu lechada!’. Explota: chorros en mi boca, cara, tetas. Sabe salado, espeso. Me trago, lamiendo resto. Él gime de placer-dolor, cojones vaciándose. Yo sigo, squirt otra vez en su cara. ‘¡No pares de mirarme mientras me corro!’.

Sudados, jadeantes, nos miramos. ‘Joder, ha sido brutal’, dice él, besándome. Limpiamos rápido con kleenex, olor a sexo impregnado. Nos vestimos, corrijo maquillaje. ‘Nadie se enterará’, susurro, guiñando. Salimos como si nada, volvemos a mesas. Él con sonrisa cómplice, yo con coño palpitando. Mañana, más tensión… ¿repetimos?

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