Trabajo en una oficina abierta, de esas con cubículos y jefes rondando. Llevo meses fantaseando con Marco, el chico nuevo del equipo de ventas. Alto, musculoso, con esa sonrisa que me moja las bragas cada vez que pasa. Hoy… uf, hoy explotó todo. Estábamos revisando dossiers para la reunión de las tres. Él al lado mío, su rodilla rozando la mía bajo la mesa. ‘¿Todo bien, Ana?’, me dice con voz baja, ojos clavados en los míos. Siento el calor subiendo por mi cuello. ‘Sí… eh, perfecto’, balbuceo, pero mi mano ya tiembla sobre el teclado.
Los demás se van a almorzar, pero nosotros nos quedamos ‘terminando’. La oficina se vacía, solo el zumbido de los aires. Cierro la puerta del archivo privado, ese cuartito con estanterías altas y olor a papel viejo. ‘Marco, ¿vienes a ayudarme con esto?’, le digo juguetona. Entra, cierra. Sus ojos bajan a mi escote, mi blusa blanca medio desabotonada. Se acerca, huele a colonia fresca y hombre. ‘Ana, no aguanto más tus miradas’, murmura, mano en mi cintura. Me besa, lengua ansiosa, dientes mordiendo mi labio. Dios, el corazón me late fuerte, ¿y si alguien entra? Esa adrenalina me pone cachonda perdida.
La tensión sube entre papeles y miradas calientes
Sus manos bajan mi falda, palpando mis nalgas. ‘Joder, qué culo tan rico’, gruñe. Yo le desabrocho la camisa, torso duro, sin un pelo. Le bajo los pantalones, y ahí está: polla gruesa, venosa, ya tiesa como una barra. La agarro, late en mi palma caliente. ‘Mmm, qué grande’, gimo. Él me empuja contra la mesa, papeles volando. Me quita las bragas de un tirón, dedos hurgando mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, dice riendo. Dos dedos dentro, moviéndose rápido, pulgar en mi clítoris. Gimo alto, ‘Sí… así… no pares’. Me corro rápido, jugos bajando por mis muslos, piernas temblando.
Le empujo al suelo, entre cajas. Le chupo la polla, lengua lamiendo el glande salado, venas hinchadas. La meto hasta la garganta, babeando, él gime ‘Hostia, Ana… qué boca’. Le mama los huevos, mordisqueando suave. Se pone de rodillas, me abre las piernas. ‘Ahora te como el coño’, dice, lengua plana lamiendo de abajo arriba. Chupa mi clítoris, dedos follando mi agujero. ‘¡Joder, sí! Lámeme más’, grito, agarrasdo su pelo, frotándome en su cara. Otro orgasmo me sacude, grito ahogado, coño contrayéndose.
El polvo brutal: polla dura y coño en llamas
No aguanto, ‘Fóllame ya’. Me pone a cuatro patas sobre la mesa, polla rozando mi entrada. Empuja de golpe, ‘¡Ahhh!’, llena mi coño al máximo, estirándome. Bombea fuerte, cachetadas en mis nalgas, ‘Toma polla, zorra de oficina’. Yo empujo atrás, ‘Más duro, rómpeme’. Cambia, me sube a la mesa, piernas abiertas, follando profundo, pellizcando tetas. ‘Me vengo… ¡córrete dentro!’, suplico. Él acelera, gruñe, chorros calientes llenándome. Yo exploto otra vez, uñas en su espalda, ‘Síii… lléname de leche’.
Sudados, jadeando. Se retira, semen goteando de mi coño. ‘Ha sido… brutal’, dice él, besándome. Nos limpiamos rápido con kleenex, olor a sexo impregnado. Me subo la falda, él el pantalón. ‘Vuelta al curro, como si nada’, susurro riendo. Salimos, oficina llena otra vez. Miradas cómplices, pero serios con los dossiers. Adentro, coño palpitando, bragas húmedas. Mañana… ¿repetimos? Esa adrenalina me tiene enganchada.