Mi follada prohibida en la oficina: el polvo más caliente con mi compañero

Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Ayer en la oficina, con Javier, mi compañero de al lado. Todo empezó normal, revisando expedientes en la sala de reuniones. Él tan cerca, oliendo a su colonia fuerte, madera y algo masculino. Yo con mi falda ajustada, blusa blanca medio desabotonada porque hace calor, ¿sabéis? Nuestras manos se rozaban al pasar papeles. ‘Cuidado, Carmen’, me dice con esa voz grave, pero sus ojos… uf, clavados en mis tetas. Me pongo nerviosa, siento el calor subiendo por el cuello.

Nos quedamos solos, el resto al almuerzo. Cierro la puerta, click, y el espacio se hace nuestro. ‘¿Qué haces?’, pregunta él, pero se acerca. Yo sonrío, ‘Nada, solo… privacidad’. Sus manos en mi cintura, eh… no pude resistir. Le miro fijo, mordiéndome el labio. ‘Javier, esto está mal, pero… joder, me pones tanto’. Él ríe bajito, me empuja contra la mesa. Sus dedos suben por mi muslo, rozando el borde de las bragas. Siento mi coño humedeciéndose ya, palpitando. ‘Shh, no hagas ruido’, susurra, y me besa el cuello, mordisqueando. Dios, la adrenalina… cualquiera podía volver.

La tensión sube entre papeles y miradas

Sus manos aprietan mis tetas por encima de la blusa, pezones duros como piedras. Desabrocho su camisa, pelo del pecho áspero bajo mis uñas. ‘Quiero verte’, gime. Le bajo los pantalones, su polla saltando fuera, dura, venosa, goteando precúm. ‘Mira lo que me haces’, dice. Yo me arrodillo, el suelo frío contra mis rodillas, y la cojo en la boca. Chupo despacio al principio, lengua alrededor del glande, saboreando ese gusto salado. Él agarra mi pelo, ‘Joder, Carmen, qué boca…’. La mete más hondo, me folla la garganta suave, yo tosiendo un poco pero gimiendo.

Me levanta, arranca mis bragas de un tirón. ‘Abre las piernas’, ordena. Me siento en la mesa, expedientes volando. Su lengua en mi coño, lamiendo el clítoris hinchado, chupando mis labios mojados. ‘Estás empapada, puta’, gruñe, metiendo dos dedos, curvándolos en mi punto G. Yo me retuerzo, ‘¡Sí, fóllame con la lengua!’. Siento el orgasmo cerca, pero paro. ‘No, quiero tu polla dentro’. Él se pone un condón rápido, me penetra de golpe. ¡Ay! Llena, estirándome el coño al máximo. Empieza a bombear fuerte, mesa crujiendo, mis tetas rebotando libres porque me abrió la blusa.

El polvo brutal y el regreso al curro

‘¡Más duro, Javier! ¡Fóllame como una perra!’, grito bajito. Él me agarra las caderas, clavándome hasta el fondo, huevos chocando contra mi culo. Cambio de posición, me pone a cuatro patas sobre la mesa, entra por detrás, mano en mi clítoris frotando. Siento su polla gruesa palpitando, mis paredes apretándola. ‘Me voy a correr’, gime. ‘¡Dentro, no pares!’. El orgasmo me explota, coño contrayéndose, chorros de jugos bajando por mis muslos. Él ruge, eyaculando fuerte, llenando el condón. Sudor, olor a sexo por toda la sala, respiraciones agitadas.

Unos minutos, abrazados, besos suaves. ‘Hostia, ha sido increíble’, dice él. Nos vestimos rápido, yo limpiándome con kleenex, arreglando el pelo. ‘Como si nada’, susurro riendo. Salimos, él abre la puerta. Compañeros volviendo, nadie nota nada. Yo sentada en mi sitio, piernas temblando aún, coño sensible. Él me guiña ojo disimulado. Todo normal, pero dentro… fuego. No sé si repetir, pero esa adrenalina… adictiva.

Leave a Comment