Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó esta mañana en la oficina. Trabajo en una gestoría, rodeada de papeles y tíos serios. Llevo años aquí, casada, dos niños, pero… uf, soy una viciosa del riesgo. Me encanta esa adrenalina de follar donde no se debe. Y el becario nuevo, Eduardo, ese chaval de 20 años, con ojos que me comen viva desde el día uno.
Estábamos revisando expedientes en la sala de reuniones pequeña, la que cierra con pestillo. Él delante, yo detrás, rozando su brazo sin querer… o queriendo. ‘Señora María, ¿necesita ayuda con esto?’, me dice con voz temblorosa. Le sonrío, ‘Llámame María, anda, que no muerdo… aún’. Sus ojos bajan a mis tetas, apretadas en la blusa blanca. Siento el calor subiendo. La puerta está entreabierta, pero la cierro despacio. Clic. Ahora solos.
La tensión sube entre carpetas y miradas
Me acerco, huelo su colonia fresca mezclada con sudor nervioso. ‘Eduardo, siempre me miras así… ¿qué pasa por esa cabecita?’. Él tartamudea, ‘Es que… eres preciosa, María, no como las demás’. Le toco la mejilla, suave, rasurada. Mi corazón late fuerte, ¿y si entra alguien? Esa mierda me pone cachonda. ‘Ven aquí’, le susurro, y le beso. Su boca inexperta, lengua torpe pero ansiosa. Manos en mi culo, apretando mi falda lápiz.
Le bajo la cremallera del pantalón. Su polla salta, dura como piedra, venosa, goteando ya. ‘Joder, qué polla más bonita tienes, chaval’. Él gime, ‘María…’. Me arrodillo, el suelo duro me clava las rodillas, pero me da igual. La chupo despacio, lengua alrededor del glande, saboreando ese precúm salado. Él se agarra a la mesa, ‘¡Dios, qué bien!’. La meto entera, hasta la garganta, baboseo todo. Sus caderas empujan, follando mi boca.
El sexo brutal y el regreso al curro
Se la saco, brillante de mi saliva. ‘Ahora tú, fóllame el coño con la lengua’. Me subo la falda, tiro la tanga a un lado. Mi coño depilado, mojado, hinchado. Se tumba torpe, lame como loco. ‘¡Sí, así, chupa el clítoris!’. Gimo bajito, mordiéndome el labio. Su lengua entra, chasquea, me corro rápido, jugos en su cara. ‘¡Joder, Eduardo, me has hecho squirtar un poco!’.
No aguanto más. ‘Fóllame ya’. Me pongo a cuatro patas sobre la mesa, expedientes volando. Él se coloca detrás, frota su polla en mi raja. ‘¡Métela, coño!’. Entra de golpe, gruesa, llenándome. ‘¡Aaaah! Qué prieta estás, María’. Empieza a bombear, rápido, piel contra piel, plaf plaf. Agarro los bordes, tetas botando. ‘Más fuerte, rómpeme el coño’. Sudor goteando, olor a sexo puro. Cambio: yo encima, cabalgo su polla, clítoris frotando. ‘¡Me corro otra vez! ¡Sííí!’. Él gruñe, ‘Me vengo…’. Siento su leche caliente chorreado dentro, llenándome.
Uf, jadeando, besos pegajosos. Miro el reloj: 20 minutos. ‘Vístete rápido, que viene el jefe’. Limpiamos con kleenex, arreglo falda, él pantalón. Abro la puerta, aire fresco. Él sale primero, sonrojado. Yo cojo un expediente, como si nada. Minutos después, mi compañero entra: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, revisando papeles’. Sonrío, siento su semen chorreando en las bragas. Nadie sabe. Esa adrenalina… volveré a por más.