Follada prohibida en la oficina: mi polvo salvaje con el contable casado

Era jueves por la tarde, como siempre, quedándome hasta tarde en la oficina para rematar unos expedientes. La mayoría ya se había pirado, solo quedábamos yo y Carlos, el contable de unos cuarenta, casado, con esa alianza que brilla. Buenorro, eh, torso sudado bajo la camisa abierta. Hacía un calor de la hostia en esa sala pequeña, el aire fallaba. Nos quitamos las chaquetas, desabotonamos camisas. Mi blusa pegada al pecho, pezones duros marcándose. Él, con pantalón ajustado, se le notaba el paquete.

Revisábamos papeles, pero las miradas… uf, se cruzaban todo el rato. Silencio pesado, solo el ventilador zumbando. Mi piel brillaba de sudor, bajando por el cuello hasta los tetas. Él se remueve, cruza las piernas. ‘Hace bochorno, ¿no?’, dice bajito. ‘Sí, insoportable’, respondo, mordiéndome el labio sin querer. Nuestros brazos se rozan al pasar un dossier. Chispa. Siento mi coño humedeciéndose ya. Él carraspea, mira mi escote. Yo, la alianza en su dedo. Casados los dos, qué morbo.

La tensión sube entre expedientes y miradas ardientes

No aguanto más. ‘Voy a refrescarme al baño grande, el de las cabinas familiares’, digo levantándome. Él asiente, pero noto sus ojos clavados en mi culo mientras salgo. Camino despacio, tacones clic-clac. Entro en la cabina grande, al fondo, apartada. Cierro mal la puerta, me quito la blusa, falda. Solo braguita y sujetador, sudor por todos lados. Agua fría en la piel, mmh. Oigo pasos. La puerta se abre. Es él. ‘¿Molesto?’, pregunta con voz ronca. ‘Qué va, pasa’, digo entrecerrando ojos, juguetona.

Nos sentamos en el banco, pegados. Vapor del agua caliente que abro, como en un hammam improvisado. Piernas tocándose. Silencio. Su mano… duda un segundo, cae en mi muslo. Suave, sube despacio. ‘¿Puedo?’, susurra. Cierro ojos, asiento. Dedos en mi braguita, rozando el coño mojado. Gimo bajito. Mi mano va a su bragueta, polla dura como piedra. La saco, grande, venosa, imberbe. ‘Joder, qué polla más bonita’, digo lamiéndome labios. Él jadea, mete dedos dentro. ‘Estás empapada, puta’. Adrenalina a tope, la puerta no echa llave bien, cualquiera puede entrar.

El sexo crudo e intenso en la cabina privada

Me arrodillo, húmedo el suelo. La cojo en la boca, lenta. Sabor salado, sudor mezclado con pre-semen. Chupo el glande, lengua alrededor. Él gime, ‘¡Hostia, qué bien chupas!’. Manos en mi pelo, empuja suave. La meto hasta la garganta, babas cayendo. Mis tetas rebotan. Él me baja la braguita, dedo en el culo. ‘Quiero verte el coño’. Me pongo a cuatro, él se pone debajo. 69 perfecto. Su lengua en mi clítoris, chupando fuerte. Yo, devorando su polla, huevos en la boca. ‘¡Me corro, joder!’, grita él primero. Chorros calientes en mi garganta, trago todo, viscosa, deliciosa. No paro, la mantengo dura.

Ahora él me come el coño como loco, dos dedos dentro, lengua rápida. Mi culo en su cara, sudado. ‘¡Fóllame con la lengua!’. Tiemblo, orgasmo brutal, zumbo gimiendo. Su polla revive, la monto rápido. Va-et-vient salvaje, polla hundiéndose en mi coño apretado. ‘¡Cásate conmigo!’, bromea entre jadeos. ‘¡Cállate y fóllame más duro!’. Paredes vibran, riesgo de ruido. Me corro otra vez, él dentro, llenándome de leche caliente. ‘Toma toda mi corrida, zorra’.

Quedamos jadeando, pollas y coños pegajosos. ‘La oficina cierra en diez minutos’, dice él mirando el reloj. ‘Mañana mismo hora, ¿vale?’. Asiento, beso langüioso, lenguas con restos de semen. Nos limpiamos rápido con toallas de papel, olor a sexo impregnado. Me visto, falda arrugada, pelo revuelto. Salimos por separado. Vuelvo al escritorio, abro el portátil como si nada. Él pasa, guiño discreto. Corazón latiendo fuerte, coño palpitando aún. Mañana más, qué vicio este riesgo laboral.

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