Uf, acabábamos un día de mierda en la oficina, mi marido y yo, los dos cuarentones currando como locos con reuniones y pilas de carpetas. Era domingo tarde, el edificio casi vacío, solo el zumbido de los aires. Decidimos bajar al área de relax, que tiene sauna y vestuarios para desestresar. Piscina no, pero esa sauna árabe nos llamaba. Me metí en el vestuario de mujeres, me quité todo, piel sudada pegándose a la ropa, y me envolví en una toalla grande. Él igual. Entramos, solos, vapor caliente envolviéndonos, música suave de fondo. Me tumbo en el banco, abro un poco la toalla… mis tetas al aire, el coño asomando.
Cinco minutos, y entra un tío en bañador, se disculpa y sale. Nos reímos, joder, qué gracia. Yo me relajo más, abro del todo la toalla, piernas abiertas, sintiendo el calor lamiendo mi raja húmeda. Vuelve el mismo, cincuentón, ahora desnudo, toalla al hombro, todo depilado, polla colgando gruesa. Se sienta en un rincón, silencio, solo miradas. Sus ojos clavados en mi coño depilado, abierto. Mi marido me mira, sé que le hierve la cabeza con sus fantasías de verme con otro. El aire espeso, sudor goteando por mis muslos. Salimos, yo al vestuario mujeres, él al de hombres. Nos vemos en el despacho después, dijimos.
La tensión subiendo entre carpetas y miradas
En el vestuario, mi marido habla con él. Banalidades del curro, la oficina. Luego, el tío suelta: ‘Buenas noches con la señora’. Mi marido se lanza, le cuenta nuestro rollo, que a mí me pone un trío con desconocido, nada bi, solo para mí. El tío: ‘Estoy solo, me apunto si ella quiere’. Mi marido sube al despacho, yo en bata, té en mano. ‘Hice un amigo’, dice. ‘El del sauna’. ‘Sí, te comía con los ojos’. ‘Me gustaba…’. ‘Le invité a follarte, dos pollas para ti’. ‘¿Qué?’. Le paso mi bufanda: ‘Te vendo los ojos, yo te toco y él entra’. Me mira, sabe que lo hemos hablado mil veces. ‘¿Quieres?’. ‘No sé… ¿y tú?’. ‘Si no dices no, es sí’.
El polvo crudo e intenso sin filtros
Le quito la bata, desnuda, tetas duras, coño ya mojado. Me siento en sus rodillas, piernas abiertas, él me masajea los pezones, dedo en mi clítoris. Gimo, me corro rápido, dos veces, besos calientes. Le tumbo en el sofá del despacho, puerta cerrada pero el riesgo de que alguien pase… Le vendo los ojos, la pongo en cruz, coño hacia la puerta. Llamo al tío: ‘Despacho 542’. Llega, entra en bata, ve mi coño abierto, jugoso. Yo le beso los labios, él las tetas. El tío se desnuda, polla tiesa, gorda, venosa. Empieza a lamerme el coño, lengua experta en el clítoris, dedos dentro, chupando mis labios. Tiemlo, joder, qué bien. Mi marido me chupa las tetas, pero soy yo la que controla mis gemidos ahora no, él. Le meto la polla de mi marido en boca, pero no puedo, orgasmo tras orgasmo, coño empapado. ‘Quiere que la folles’, dice mi marido. ‘Sí, fóllame’. Él se pone condón, me besa, lengua en mi boca, luego empuja: polla enorme abriéndome, hasta el fondo. Me folla fuerte, plac, plac, sudor mezclándose. Grito bajito, tetas botando. Me pone a cuatro, levrette, polla martilleando mi coño, yo chorrea como fuente, jugos por las piernas. Mi marido mira, pajita en mano, polla dura. El tío acelera, me corre en las nalgas, caliente, espeso.
Yo jadeando, culo arriba, roja, sudada. Él limpia con toalla, beso en nalga. Mi marido le echa sin palabras. Me quita el paño, nos miramos. ‘Ducha y seguimos currando, ¿vale?’. ‘Sí… pero ¿tú?’. ‘Luego me la cascas’. Me ducho, salgo sexy: falda lápiz, blusa escotada, pintalabios rojo. Pedimos cena por interno, sandwiches y vino. Llega un chaval joven, ojos en mis pezones duros bajo la blusa. Le doy propina, meneando culo. Cenamos, reímos. ‘Me encantó’, digo. ‘Repetimos cuando quieras’. Volvemos a las carpetas, como si nada, pero mi coño palpita aún. Mañana, oficina normal, pero con secreto húmedo.