Mi polvo salvaje en la oficina: la adrenalina de follar sin ser pillados

Hoy en la oficina… uf, no sé ni por dónde empezar. Estaba yo en mi sitio, rodeada de carpetas y papeles, pensando en mi rollo de anoche. Me había follado como una loca, y aún me picaba el coño de lo bien que lo pasamos. Sonreí sola, mordiéndome el labio, imaginando su polla dura otra vez. Y entonces… Pablo, mi compañero de al lado, me pilla la sonrisa. ‘¿Qué te pasa, Carmen? Estás… radiante’, me dice con esa voz grave, mirándome las tetas por encima de la pantalla. Yo me encojo de hombros, ‘Nada, solo… cosas’. Pero sus ojos… joder, se clavan en mí. Todo el día así, roces ‘accidentales’ al pasar papeles, su pierna contra la mía bajo la mesa. Siento su calor, y mi tanga se moja poco a poco.

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La mañana avanza, y Hervé, el jefe, nos manda a los dos a la sala de archivos a revisar unos expedientes urgentes. ‘Id rápido, chicos’, dice. Bajamos al sótano, esa habitación cutre llena de estanterías polvorientas, olor a papel viejo y humedad. La puerta se cierra con un clic… y ya está, el espacio es nuestro. Pablo se acerca, ‘Carmen, desde el metro esta mañana no paro de pensar en ti’. ¿Del metro? Ah, sí, nos cruzamos, yo con mi sonrisa tonta. ‘Pablo… aquí no, nos pueden pillar’, susurro, pero mi cuerpo dice otra cosa. Me empuja contra la estantería, su boca en mi cuello, mordisqueando. ‘Shh, calla… solo un beso’. Sus manos suben por mi falda, rozan mis muslos. ‘Estás empapada’, gruñe, metiendo dedos en mi coño. Gimo bajito, ‘Joder… sí, fóllame ya’. El corazón me late a mil, oyendo pasos lejanos en el pasillo. Adrenalina pura.

La tensión sube entre miradas y carpetas

No aguanto más. Le bajo la cremallera, saco su polla tiesa, gruesa, palpitando. ‘Mira lo que me haces’, dice él, jadeando. Me arrodillo, la chupo fuerte, lengua alrededor del glande, tragándomela hasta la garganta. Sabe a hombre, a sudor del día. Él me agarra el pelo, ‘Así, puta… chúpala bien’. Me levanto, me gira contra la pared, sube mi falda y me la clava de un empujón. ‘¡Ahhh! Coño, qué dura!’, grito ahogada. Me folla brutal, embestidas profundas, su vientre chocando mi culo. El polvo es animal: me pellizca los pezones duros, me mete dedos en la boca mientras me taladra el coño. ‘Estás tan apretada… me corres dentro, ¿eh?’, susurra. Yo: ‘Sí, lléname, joder… más fuerte’. Sudamos, el olor a sexo inunda la sala, carpetas tiemblan. Oigo voces arriba, casi me corro del miedo y la excitación. Él acelera, ‘Me vengo… ¡ahora!’. Siento su leche caliente chorreado dentro, y yo exploto, coño contrayéndose, piernas temblando. ‘Pablo… dios…’, balbuceo.

Uf, paramos jadeando. Se aparta, leche goteando por mis muslos. ‘Rápido, vístete’, dice riendo nervioso. Me limpio con un kleenex, bajo la falda, me peino. Él guarda la polla, sube la bragueta. ‘Como si nada’, me guiña. Salimos, caras serias, expedientes en mano. Subimos, volvemos a nuestros sitios. ‘Todo ok, jefe’, digo con voz normal. Por dentro, el coño me palpita aún, sonrisa escondida. Nadie nota nada… o eso creo. Mañana, ¿repetimos? Joder, la oficina nunca fue tan emocionante.

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