Llego al archivo a las cinco, sudada como una puerca después de un día de calor infernal. El jefe me ha pedido que revise unos dossiers urgentes. Estamos solos, la oficina ya casi vacía. Él, con esa mirada que quema, alto, cuarentón, con esa polla que intuyo dura bajo los pantalones. Yo, con mi falda ajustada, sin bragas porque… bueno, hoy me he sentido puta. Me pongo a clasificar papeles, rozándonos sin querer. O queriendo.
—Lucía, pasa eso de ahí, ¿eh? —me dice, su voz ronca, acercándose demasiado. Siento su aliento en mi cuello. Me giro, nuestros ojos se clavan. Silencio pesado. Mi coño palpita ya, húmedo, traicionero. Él sonríe, pícaro. —Estás colorada, ¿calor? —Asiento, mordiéndome el labio. Sus dedos rozan mi mano al coger el dossier. Electricidad. Puerta entreabierta, pero el pasillo desierto. El espacio se cierra, se hace nuestro. Apoya la mano en mi cintura, fingiendo casualidad. —Qué piel tan suave… —murmura. Tiemblo. Quiero que me folle ya, pero aguanto, la adrenalina de que nos pillen me pone cachonda perdida.
La tensión sube entre los expedientes
Se acerca más, su polla dura contra mi culo. —Sin bragas, ¿verdad? Lo noto. Puta al trabajo. —Sí… para ti —susurro, voz quebrada. Me gira, me besa brutal, lengua dentro, saboreando mi saliva. Manos por todas partes. Desabrocha mi blusa, agarra mis tetas, pellizca pezones duros como piedras. Gimo bajito, eh… mierda, qué bueno. Baja la cremallera de mi falda, cae al suelo. Dedos en mi coño empapado. —Joder, estás chorreando, Lucía. —Introduce dos, me folla con ellos, rápido, chapoteo obsceno. Me corro ya, piernas temblando, jugos por muslos. Él se baja los pantalones, polla gorda, venosa, cabezona reluciente de pre-semen.
El polvo salvaje y el regreso al trabajo
Me empuja contra la mesa de archivos, papeles volando. —Chúpamela, zorra. —Abro boca, la engullo, garganta profunda, babeo toda. Él gime, eh… sí, así. Me agarra pelo, folla mi cara. Luego me pone a cuatro, polla en mi coño de un empujón. —¡Aaaah! Qué prieta estás! —Me taladra, huevos golpeando mi clítoris, salvaje. Sudor gotea, olor a sexo crudo llena el aire. Cambio, me sube a la mesa, piernas abiertas, me come el coño con lengua experta, chupando labios, clítoris hinchado. Vuelvo a correrme, gritito ahogado. Él encima, polla dentro otra vez, embiste como animal. —Me voy a correr, puta… —¡Dentro, jefe, lléname! Lechada caliente inunda mi coño, chorros potentes, rebosa.
Jadeamos, pegajosos. Minutos después, él se sube pantalones, yo falda arrugada, blusa mal abotonada. Limpio con kleenex los restos de corrida en muslos, huelo a follarte. —Vuelve al puesto, como si nada —dice, guiñando. Salimos, pasillo vacío. En mi mesa, tecleo informes, coño palpitando, sonrisa tonta. Mañana más, la puta del archivo. Adrenalina total, nadie sospecha.