Follada prohibida en la oficina: mi polvo con Marcos

Trabajo en una oficina de marketing, rodeada de papeles y pantallas todo el día. Me llamo Carmen, tengo 28 años, curvas que me encantan y cero pudor. Adoro el riesgo, esa adrenalina de follar donde no debo. Marcos es el jefe de ventas: alto, moreno, músculos de gym, sonrisa que moja. Desde hace semanas, nos comemos con los ojos entre reuniones. Sus miradas bajan a mis tetas, yo le devuelvo guiños picantes.

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Hoy, fin de tarde, quedamos solos revisando expedientes en la sala de reuniones. La puerta entreabierta, el aire acondicionado roto, hace un calor de cojones. Sudamos. Él se acerca, su brazo roza el mío. ‘Carmen, estos números… uf’, dice, voz ronca. Yo sonrío, ‘Déjame ver, Marcos’. Nuestras manos se tocan en el dossier. Siento su calor. Levanto la vista, sus ojos clavados en mi escote. ‘Hace bochorno, ¿no?’, murmuro, abanicándome. Él asiente, cierra la puerta con llave. Clic. El espacio se hace íntimo. Corazón acelerado. ‘¿Y si nos refresca mos?’, propone, quitándose la corbata. Yo me muerdo el labio. ‘Venga, quítate esa camisa pegajosa’. Se la arranca, torso sudado, abdominales marcados. Me pongo de pie, mi falda plisada sube un poco. Él me mira las piernas. ‘Joder, Carmen, estás para comerte’.

La tensión entre expedientes y miradas

Sus manos en mi cintura, me gira contra la mesa. Beso húmedo, lenguas enredadas, sabor a café y deseo. ‘Quiero verte’, gruñe. Desabrocha mi blusa, tetas libres en encaje negro. Las aprieta, pezones duros. ‘Qué tetas más ricas, firmes…’. Gimo bajito. Le bajo el pantalón, su polla salta, gruesa, venosa, cabezota brillante. ‘Mira esta verga, Marcos, la quiero en la boca’. Me arrodillo, la lamo desde las bolas, chupo el glande, saliva goteando. Él gime, ‘Sí, chúpamela, puta buena’. La trago hasta la garganta, él me agarra el pelo.

El polvo brutal y el regreso al curro

Me pone en la mesa, papeles volando. Baja mi tanga, coño depilado chorreando. ‘Estás empapada, zorra’. Separa mis labios, lengua en el clítoris, chupando fuerte. ‘¡Ah, joder!’. Dedos dentro, dos, tres, me folla con la mano. Grito, piernas temblando. ‘Fóllame ya, métemela’. Se pone de pie, condón no, directo. Polla en mi entrada, empuja. ‘¡Qué coño tan apretado!’. Entra de golpe, me llena. Golpes duros, mesa cruje. Tetas rebotando, sudor mezclado. ‘Más fuerte, rómpeme’. Él acelera, ‘Te voy a llenar de leche’. Cambio: yo encima, cabalgo, polla honda, clítoris frotando. Orgasmo me parte, grito ahogado. Él se corre dentro, chorros calientes, ‘¡Toma, puta!’.

Jadeamos. Minutos después, limpiamos rápido. Pañuelos en el coño, huelo a sexo. Me visto, falda arrugada. ‘Vámonos antes que vuelvan’, dice riendo. Él camisa abotonada a medias. Salimos, fingimos revisar expedientes. ‘Buen trabajo hoy’, guiña. Yo sonrío, piernas flojas. Mañana, más miradas. El secreto nos une.

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