Buff, este es mi primer relato… Gracias por leerlo, ¿eh? Mandadme comentarios, que igual os cuento más de mis locuras en la oficina. Soy Sofia, 32 años, secretaria en una empresa de marketing aquí en Madrid. Abierta total al sexo, me flipa el riesgo, esa adrenalina de que te pillen follando en el curro. Hoy os cuento lo de esta mañana con Miguel, mi compañero de equipo. Alto, moreno, con esa sonrisa que me pone la concha en remojo.
Estábamos en la sala común, rodeados de mesas y carpetas. Reunión aburrida, pero sus ojos… uf, no paraban de clavarse en mis tetas bajo la blusa. Yo llevaba falda lápiz ajustada, sin bragas, claro. Sentía su mirada bajando a mis muslos cruzados. Me mordí el labio, disimulé. ‘Sofia, pásame el dossier azul’, dijo él, voz ronca. Le di el archivo rozando su mano. Chispa eléctrica. El corazón me latía fuerte. Miradas cruzadas, sonrisas pícaras. El resto del equipo ni se enteraba, hablando de gráficos y mierdas.
La tensión que sube entre miradas y papeles
De repente, el jefe dice: ‘Sofia, Miguel, id a la sala de archivos por el informe viejo’. Perfecto. Nos levantamos, yo delante, sintiendo su mirada en mi culo. La sala está al fondo, puerta que cierra mal, estanterías altas llenas de cajas. Entramos, olor a papel viejo y polvo. Cerré la puerta lo justo, no del todo, por el morbo. ‘¿Dónde está?’, pregunté fingiendo. Él se acercó por detrás, aliento caliente en mi cuello. ‘Aquí… o igual busco otra cosa’, murmuró. Sus manos en mi cintura. Me giré, labios a centímetros. ‘Shhh, nos pueden oír’, susurré, pero ya le besaba. Boca suave, lengua ansiosa. Manos subiendo mi falda. ‘Estás sin nada… puta’, gruñó. Gemí bajito, coño ya húmedo.
Me apoyé en la estantería, él de rodillas. Besos en el cuello, bajando… tetas fuera de la blusa, pezones duros. Los chupó fuerte, mordisqueando. ‘Joder, qué tetas’. Bajó más, vientre, hasta mi monte. Olor a mi excitación, ese almizcle que vuelve locos. Abrió mis piernas, muslos temblando. ‘Mira qué coño mojado’, dijo lamiendo los labios mayores. Lengua plana, lamiendo despacio. Gemí, agarrando su pelo. ‘Sigue… no pares’. Introdujo un dedo en mi chorreante concha, luego dos. Curvados arriba, tocando ese punto. Chupaba el clítoris, succionando como loco. Cyprine por todas partes, goteando.
El clímax brutal y la vuelta al curro
Entonces… su dedo mojado bajó. ‘¿Quieres por detrás?’, preguntó. Asentí, jadeando. Untó saliva y mi jugo en mi ano. Círculos suaves, presionando. Entró la yema, despacio. ‘¡Sí, joder!’. Dos dedos en coño, uno en culo, lengua en clítoris. Me volvía loca, cadera moviéndose sola. ‘Me corro… uf’. Cuerpo arqueado, ano apretando su dedo, chorros en su boca. Orgasmos brutal, piernas flojas.
‘Ahora fóllame’, supliqué. Me giré, manos en estantería, culo en pompa. Falda arriba. Él sacó la polla, dura como piedra, venosa. ‘Qué culazo’. Me agarró caderas, glande en mi entrada. Empujó lento, abriéndome. ‘¡Ohhh, qué prieta tu concha!’. Hasta el fondo, huevos contra mi clítoris. Empezó a bombear, fuerte. Pla pla pla, carne chocando. ‘Más rápido… rómpeme’. Salía casi toda, entraba de golpe. Gritos ahogados, mordiéndome labio. Su mano en mis tetas, pellizcando. Yo metí mano atrás, masajeando sus huevos peludos. Miré el espejo sucio: yo arqueada, él apaleándome el coño. ‘Me corro… ¡vamos juntos!’. Aceleró, gruñendo. Sentí su polla hincharse, chorros calientes llenándome. Yo exploté otra vez, ano pulsando.
Caímos jadeando. Polla aún dentro, semen goteando muslos. ‘Joder, increíble’, dijo besándome cuello. Rápido, nos arreglamos. Blusa abotonada, falda abajo, semen secándose. Salimos, caras serias. ‘Encontrado el dossier’, dije al equipo sonriendo. Él guiñó ojo. Volvimos a mesas como si nada. Corazón aún latiendo, coño palpitando. Adrenalina pura. ¿Quién sabe qué pasará mañana?