Mi follada salvaje en la oficina: la adrenalina de ser pillada

Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y mucho papeleo. Javier es el nuevo del departamento de al lado. Alto, moreno, con esa mirada que te calienta sin decir nada. Hoy, jueves por la tarde, estamos solos revisando expedientes en la sala de archivos. El jefe se ha pirado temprano, el resto curra en remoto. El aire acondicionado zumba bajito, huele a café viejo y tinta de impresora.

Nuestros brazos se rozan al sacar carpetas. ‘Perdón’, dice él, pero no se aparta. Yo sonrío, noto el calor en las mejillas. ‘No pasa nada, Javier…’. Levanto la vista, sus ojos clavados en mis tetas bajo la blusa blanca. Semi-transparente, eh, se me transparenta el sujetador. Él traga saliva. Cojo un dossier alto, me estiro, mi falda se sube un poco, muestra el borde de las medias. Él suspira. ‘Mira que eres… provocativa, ¿eh?’. Me río bajito. ‘¿Yo? Tú eres el que me mira así’.

La tensión sube entre los expedientes

La puerta se cierra sola, clic. Estamos solos de verdad. El espacio se hace íntimo, como una burbuja. Me acerco, nuestras caras a centímetros. Huele a su colonia, mezcla de madera y sudor. ‘¿Qué pasa si alguien entra?’, pregunto, voz ronca. ‘Que nos pillen… y qué’. Sus manos en mi cintura, me aprieta contra él. Siento su polla dura contra mi tripa. ‘Joder, estás empalmado’, murmuro. Nos besamos, lengua dentro, salvaje. Manos por todos lados. Desabrocho su camisa, él mi blusa. Tetazas fuera, pezones duros como piedras.

Lo empujo contra la mesa de archivos. Baja los pantalones, polla tiesa, gorda, venosa. Prepuccio medio echado atrás, glande rosado brillando. Me arrodillo, olor a macho, a sexo. ‘Quiero mamártela toda’, digo. Él gime. Empiezo lamiendo las huevos, suaves, peludos. Lengua plana, subo por el tronco, chupando la piel. Él suspira profundo. ‘Joder, qué bien…’. La polla se estira, glande sale del todo, hinchado. Lo huelo, salado. Abro la boca, lengua en el frenillo, titilándolo. Gotea pre-semen, lo lamo, perla clara.

Lo meto en la boca, solo la cabeza, succiono fuerte. Dientes rozando, no duele, le gusta. ‘¡Putada, sí!’. Manos en sus huevos, masajeo, uñas arañando suave. Subo y bajo, cuatro centímetros, lengua girando alrededor del glande. Él se mueve, folla mi boca despacio. Me levanto un segundo, cojo mi móvil, lo pongo grabando en una estantería. ‘Para el recuerdo’, miento. Él no pregunta, cachondo perdido.

El polvo brutal y el regreso al curro

Saco un lazo rojo de mi bolso, se lo ato en la base de la verga, aprieto. Se pone más morada, enorme. Vuelvo a mamar, hondo ahora, garganta apretada. ‘¡Me vas a hacer correr!’. Ralentizo, lo torturo. Cambio posición, cabeza en su barriga, cara a la cámara. Lengua en el meato, meto la punta. Él me toca las tetas, pellizca pezones. Mano baja, encuentra mi plug anal que me metí esta mañana. ‘¡Puta zorra!’, dice, aprieta. Gimo con la boca llena.

Me pongo a cuatro, falda subida, culo al aire. ‘Fóllame el culo, Javier. Soy virgen ahí para ti’. Él saca el plug, lubricante del bolso. Dedos primero, uno, dos, girando en mi ojete. Duele rico, empujo atrás. ‘Más…’. Su glande en la puerta, empuja. ‘¡Ahhh, joder! Duele… pero sigue’. Entra centímetro a centímetro, me parte. Sphincters ceden, hasta las pelotas contra mi coño. ‘¡Qué estrecho, hostia!’. Empieza a bombear, lento, luego brutal. Yo me froto el clítoris, salvaje. ‘¡Córrete dentro, lléname!’. Él gruñe, se corre, chorros calientes en mis tripas. Yo exploto, piernas temblando.

Sudados, jadeando. Apago la cámara. Nos limpiamos con kleenex de la mesa. ‘Ha sido… increíble’, dice él, besándome. Me visto rápido, blusa abotonada, falda lisa. ‘Venga, a currar, que no se note nada’. Salimos, él con carpetas, yo con sonrisa pícara. En mi cubículo, abro el expediente como si nada. Pero mi culo palpita, lleno de su leche. Adrenalina pura, esperando el próximo riesgo.

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