Follada salvaje en la oficina: Mi polvo prohibido entre expedientes

Uf, acabábamos de salir de esa reunión de mierda. Todos sudando, el jefe gritando por los plazos. Yo, con mi falda lápiz ajustada y blusa blanca medio desabotonada, notaba la mirada de Marco fija en mis tetas. Él, mi compañero de al lado, con esa camisa que le marca los abdominales. Nos miramos… eh, un segundo de más. ‘Vamos a fumarnos una’, le digo bajito, guiñándole el ojo. Salimos al cuartito de la fotocopiadora, ese rincón olvidado al final del pasillo. Cierro la puerta, pero no del todo. El riesgo me pone cachonda.

Enciendo el cigarro, mis dedos temblando un poco. Le paso la calada, nuestros labios casi se rozan. Huele a su colonia mezclada con sudor. ‘Joder, qué ganas tengo’, murmura él, mirándome la pollera que se me sube un poco. Yo sonrío, coqueta. Bajo la vista… su paquete ya está hinchado en el pantalón. ‘¿Quieres?’, le pregunto, acercándome. Mi mano roza su pecho, bajo despacio hasta su cinturón. Siento su polla dura como una piedra. ‘Aquí? ¿Estás loca?’, dice riendo nervioso. Pero no se aparta. Yo me muerdo el labio, el corazón latiéndome fuerte. El pasillo está cerca, oímos voces lejanas. Eso me moja más.

La tensión que sube entre miradas y papeles

Empujo los expedientes de la estantería, hacemos un hueco. Es nuestro espacio privado ahora, entre montañas de papeles amarillentos que huelen a polvo y tinta vieja. Me arrodillo despacio, desabrocho su cremallera. Su polla salta fuera, gruesa, venosa, con el capullo brillando de pre-semen. ‘Mmm, qué rica’, susurro. La cojo con la mano, suave al principio, masturbándola lento. Él gime bajito, agarrando mi pelo. Chupo la punta, saboreando ese gusto salado. Luego la engullo entera, hasta la garganta. Siento cómo palpita, me ahogo un poco pero sigo, babas cayendo por mi barbilla.

‘Joder, Lola, chupas como una puta’, gruñe él, empujando caderas. Yo acelero, mamándola con hambre, lengua girando alrededor del tronco. Mis tetas rebotan fuera de la blusa, pezones duros rozando sus muslos. Oímos pasos fuera… eh, paramos un segundo, él tapándome la boca con la mano. Adrenalina pura, mi coño chorreando. Sigo, más fuerte, succionando hasta que noto sus huevos tensos. ‘Me voy a correr’, jadea. Lo empujo contra la pared, entre los dossiers, y lo trago todo. Chorros calientes en mi garganta, tragué sin perder gota. Saliva y corrida mezcladas gotean por mi mentón.

El polvo brutal y sin frenos

Pero no paro ahí. Me levanto, me bajo las bragas hasta los tobillos, falda arremangada. ‘Fóllame ya, Marco, métemela’. Él me gira, me empotra contra la mesa de fotocopias. Siento su polla dura otra vez, resbaladiza de mi saliva, clavándose en mi coño empapado. ‘¡Ahhh!’, grito ahogado. Me folla brutal, embestidas profundas, mis nalgas chocando contra su pelvis. Papeles vuelan por el suelo. ‘Más fuerte, joder, rómpeme el coño’, le ruego, arqueando la espalda. Su mano en mi clítoris, frotando rápido. Oigo la puerta principal del pasillo… alguien viene. Él tapa mi boca, sigue taladrándome. Yo me corro primero, temblores, jugos bajando por mis piernas.

Ahora quiere mi culo. Escupe en mi ojete, mete dedos primero, lubricando. ‘Relájate, puta’, dice. Empuja su verga gorda, despacio… duele rico. ‘¡Sí, fóllame el culo!’. Me sodomiza salvaje, bolas golpeando mi coño. Sudor por todos lados, olor a sexo impregnando el aire. Pasos más cerca… eh, casi nos pillan. Eso nos acelera. Él gruñe, se corre dentro, llenándome el culo de leche caliente. Yo tiemblo en otro orgasmo, uñas clavadas en la mesa.

Jadeamos, sudados, hechos un desastre. Blusas arrugadas, mi maquillaje corrido, corrida en las piernas. ‘Rápido, vístete’, dice él riendo nervioso. Limpiamos lo que podemos con kleenex, recolocamos expedientes. Suena el móvil: el jefe llamando a reunión. Nos miramos, sonrisa pícara. Salimos como si nada, yo caminando normal aunque siento su corrida goteando. ‘Buen trabajo, Lola’, me dice guiñando. Vuelvo a mi mesa, tecleando informes, con el coño palpitando aún. Nadie sospecha. Mañana… ¿repetimos?

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