Mi polvo prohibido en la oficina: la adrenalina de follar con un colega

Trabajo en una oficina de abogados, ya sabes, papeleo eterno, cafés malos y jefes estirados. Hoy… uf, hoy fue diferente. Estaba yo, Elisa, con mi falda lápiz negra que me marca el culo perfecto, blusa blanca medio transparente, sin sujetador porque me encanta sentir los pezones duros rozando la tela. Pelo suelto, ojos verdes felinos, labios rojos carnosos. Los tíos se giran, siempre.

Marco, el nuevo de ventas, alto, moreno, ojos azules que te desnudan. Llevábamos días con miradas. Él en su mesa, yo en la mía, separados por pilas de dossiers. Esta tarde, overtime, oficina casi vacía. Nuestros ojos se cruzan mientras archiva papeles. Siento un cosquilleo en el estómago. Él sonríe, esa sonrisa lobuna. ‘¿Necesitas ayuda con eso?’, dice, voz grave. Me acerco, rozo su brazo sin querer. O queriendo. El aire se carga, eh… como electricidad. Sus dedos tocan los míos al pasar un expediente. Calor sube por mi piel. Miro su paquete, marcado en los pantalones. Se nota la polla dura.

La tensión sube entre expedientes y miradas

No aguanto. ‘Ven, mira esto en la sala de archivos’, le digo, voz ronca. Entramos, puerta entreabierta, riesgo de que alguien pase. Espacio privado ya, olor a papel viejo y su colonia fuerte. Se acerca, me empotra contra la estantería. ‘Joder, Elisa, me vuelves loco desde el primer día’, murmura. Sus labios en mi cuello, mordisquea. Gimo bajito. Manos en mi culo, aprieta. Siento mi coño mojarse, empapando las bragas de encaje. Le beso, lengua dentro, saliva mezclada, sabor a menta y deseo.

Sus manos suben, desabrocha blusa, pezones erectos al aire. Los chupa, muerde suave. ‘Qué tetas tan ricas’, gruñe. Yo bajo la mano, palpo su polla enorme a través del pantalón. Dura como piedra. La saco, venosa, cabezota roja. ‘Mmm, qué pedazo de verga’, susurro. Me arrodillo, la meto en la boca. Chupo el glande, saliva chorreando, mano en la base masturbando. Él gime, ‘Sí, cabrona, chúpamela bien’. Me folla la boca, suave al principio, luego más hondo. Gárgaras de placer.

El sexo brutal y el regreso a la normalidad

Me levanta, falda arriba, bragas a un lado. Dedos en mi coño chorreante. ‘Estás empapada, puta’, dice. Tres dedos dentro, revuelve, clítoris hinchado. Gimo fuerte, ‘¡Fóllame ya!’. Me gira, contra la pared fría. Siento su polla en mis nalgas. Empuja, entra de golpe en el coño. ‘¡Ahhh!’, grito. Va y viene, brutal, cachetes en el culo. ‘Qué coño tan apretado’, jadea. Dedos en mi ano, uno, dos. Lubrica con mis jugos. ‘¿Quieres por el culo?’, pregunta. ‘Sí, joder, métemela’. Se saca, apunta, entra lento. Duele rico, placer y fuego. Me folla el culo salvaje, ritmo animal. Me corro, piernas temblando, chorros en el suelo. ‘¡Me vengo!’, grito. Él sigue, mordiendo mi oreja. ‘Ahora te lleno’. Acelera, gruñe, semen caliente en mi culo, chorrea piernas abajo.

Uf… paramos, jadeantes. Sudor, olor a sexo fuerte. Me limpia con pañuelos, ‘Eres increíble’. Me visto rápido, pelo en sitio. Él se abrocha, sonrisa pícara. ‘Vuelta al curro, como si nada’. Salimos, él a su mesa, yo a la mía. Mirada cómplice. Corazón latiendo fuerte, coño palpitando aún. Mañana… quién sabe. La adrenalina, joder, adictiva.

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