Follada salvaje en la oficina: mi secreto más caliente con el jefe

Estaba en la oficina, rodeada de pilas de dossiers. Él, mi jefe, pasaba por detrás de mí. Sus ojos se clavaron en mi escote. Sentí un cosquilleo… ehh, ya sabes, de esos que te ponen la piel de gallina. ‘Carmen, ven a mi despacho un momento’, me dijo con voz ronca. Asentí, mordiéndome el labio. Cerré la puerta. Clic. El espacio se volvió nuestro. Solo nosotros.

Nos miramos. El aire estaba cargado. ‘¿Qué pasa, jefe?’, pregunté juguetona, acercándome. Él tragó saliva. ‘No aguanto más verte así, con esa falda tan corta’. Sus manos en mi cintura. Me apretó contra él. Sentí su polla dura contra mi vientre. Ay, Dios… palpitaba. Nos besamos. Feroz. Lenguas enredadas, saliva chorreando por la barbilla. ‘Quítate eso’, gruñó, tirando de mi blusa. Botones saltando. Mis tetas enormes saltaron libres, pezones duros como piedras.

La tensión sube entre papeles y miradas calientes

Me giré, apoyé las manos en el escritorio. Alcé el culo, cambré la espalda. ‘Míralo, jefe. Es todo tuyo’. Él jadeó. Se arrodilló detrás. Manos abriendo mis nalgas. Mi coño chorreaba ya. Húmedo, hinchado. Olía a sexo puro, intenso. Su lengua… uf, lamió todo. De arriba abajo. Luego, directo al ano. Pequeño, rosado, sin un pelo. ‘¡Joder, qué rico!’, gemí. Empujé hacia atrás, empalándome en su lengua viscosa. Él metió dedos en mi chocho. Dos… tres. Clapoteaban. ‘Estás empapada, puta’, murmuró. Agregó el cuarto. Me corrí. Un chorro de lefa salpicó su mano. Grité, piernas temblando.

Caí sobre el escritorio, jadeando. Él me levantó, me tumbó boca arriba. Cabeza colgando. Su polla, enorme, 23 cm de verga tiesa, rozó mis labios. Abrí la boca. Lamí el glande, jugoso de pre-semen. ‘Métela’, supliqué. Empujó. Llenó mi garganta. Tosí, lágrimas en ojos. Pero seguí. Chupé fuerte, aspirando las bolas. Lengua en su culo ahora. Lamí el ojete fruncido. Él aulló. ‘¡Sí, lame mi culo, zorra!’.

Me volteó rápido. Boca en mi clítoris. Lo succionó. Brutal. Me arqueé, tiré de su pelo. ‘¡No pares!’. Chorros de coño otra vez. Él se apartó, boca brillante de mi jugo. Yo, abierta de piernas, coño morado, baboso. ‘Fóllame ya’. Se puso entre mis tetas. Polla en el valle profundo. Mamé el glande mientras follaba mis pechos.

El polvo brutal sobre el escritorio

No aguantó. Me abrió más. Piernas en sus hombros. Empujó de un golpe. ¡A fondo! Grité. Pistonó salvaje. El escritorio chirriaba, se movía. Olor a sudor, perfume, coño y polla. Mordió mi pezón. ‘¡Más duro!’. Salpiqué cyprine cada embestida. Sacó, escupió en mi culo. Verga apuntando. Entró de golpe. Anal profundo. Ojos en blanco. ‘¡Me rompes el culo!’. Él fourrageaba, sudando. Yo me pellizcaba el clítoris, metía dedos en coño. Orgasmos en cadena. Grité hasta ronca.

Lo empujé. Caí de rodillas. Cara ofrecida. ‘Córrete en mi boca’. Su polla tembló. Chorros calientes: uno en el ojo, otro en nariz, tercero en lengua. Tragué, mamé el resto. Me unté la cara con su leche espesa. Él jadeaba, exhausto.

Minutos después, nos vestimos. Rápido. ‘Vuelve al trabajo, Carmen. Como si nada’. Sonreí, guiñé ojo. Salí, culo adolorido, cara pegajosa bajo maquillaje. Regresé a mi mesa. Dossiers en mano. Miradas cruzadas. Adrenalina pura. Mañana… ¿repetimos?

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