Mi follada trío salvaje en la oficina: casi nos pillan

Trabajo en una galería de antigüedades cerca del centro. Hoy fue uno de esos días… Llegué temprano, el despacho estaba vacío. Tenía que preparar unos papeles para unos clientes nuevos, vecinos que conocí ayer. Pierre y su amigo Simon, altos, fuertes, con esa mirada que te come. Eh… Pensé en ducharme rápido antes, pero no. Me puse falda corta, blusa fina, sin sujetador debajo. Los pezones rozaban la tela, me ponía cachonda solo vestirme.

Sonó la puerta a las seis y pico. ‘¡Buenas!’, dijo Pierre, sonriendo. Simon detrás, con ojos azules que clavaban. Les invité al despacho. ‘Pasemos aquí, más privado’, murmuré. Cerré la puerta, el clic del pestillo me aceleró el pulso. Papeles por todos lados. Me senté frente a ellos, crucé las piernas despacio. La falda subió, vi cómo Simon tragaba saliva. ‘Firma aquí… y aquí’, les dije, inclinándome. Mi escote les dejó ver todo. Pechos firmes, rosados. Pierre carraspeó, ‘Joder, Val… María, estás…’. Dudó. Sonreí, ‘¿Qué? ¿Caliente?’.

La tensión sube entre papeles y miradas

Mientras hablábamos de muebles, armarios, camas… sus ojos bajaban. Simon se movió en la silla, polla marcada en los pantalones. Le pillé mirando mis muslos. Abrí un poco más las piernas, sin bragas hoy. El aire fresco en el coño me mojó. ‘¿Todo bien?’, pregunté inocente. Pierre rio nervioso, ‘Sí, pero tú… esa falda…’. Toqué su mano al pasarle el bolígrafo. Chispas. Simon se inclinó, ‘¿Segura que no molamos?’. ‘Qué va, me encanta… compañía’. El despacho olía a perfume y deseo. Luz tenue, persianas bajadas. Espacio nuestro. Corazón latiendo fuerte, ¿y si entra alguien?

Sus miradas se volvieron fuego. Pierre rozó mi rodilla ‘accidental’. Subió la mano, lento. Simon se levantó, rodeó la mesa. ‘Eres una puta sexy’, susurró. Asentí, mordiéndome el labio. La tensión explotó. Espacio privado, solos.

El polvo brutal y sin frenos

Pierre me levantó la falda de un tirón. ‘Mira ese coño depilado, mojado ya’. Metió dos dedos, chapoteo fuerte. Gemí, ‘¡Joder, sí!’. Simon sacó la polla, gruesa, venosa. ‘Chúpala, zorra’. Me arrodillé, boca llena. Sabía a hombre, salado. La mamé honda, garganta apretada. Pierre detrás, lamiéndome el culo. Lengua en el ano, dedos en el coño. ‘Estás chorreando, puta de oficina’. Me puse de pie, mesa llena de papeles volando. Pierre se bajó los pantalones, polla dura como hierro. Me abrió las piernas, entró de golpe. ‘¡Ahhh! Fóllame fuerte’. Embestidas brutales, mesa crujiendo. Simon en mi boca, follándome la cara. Babas por barbilla.

Cambié. Pierre se sentó, me empalé en su polla. Coño lleno, estirado. Simon escupió en mi culo, empujó. Doble penetración. ‘¡Me partís, cabrones!’. Pollas rozándose dentro, separadas por membrana fina. Movimientos salvajes, sudor goteando. Pezones duros, pellizcados. ‘Córrete dentro, llenadme’. Pierre gruñó primero, leche caliente en el coño. Simon sacó, eyaculó en mi cara, pegajosa. Yo exploté, chorros por piernas. Olor a sexo puro, coño palpitando.

Jadeando, nos miramos. ‘Hostia… increíble’, dijo Pierre limpiándose. Simon rio, ‘Nadie se entera, ¿eh?’. Me limpié rápido con kleenex, falda abajo, blusa planchada. Papeles recogidos, firmas hechas. ‘Volved cuando queráis… muebles listos’. Sonrieron pícaros. Salieron con cajas. Yo al ordenador, piernas temblando. Puerta abrió, jefa entró. ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, perfect… clientes contentos’. Sonreí, coño goteando aún. Adrenalina loca, casi pillados. Mañana más.

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