Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajaba en esa oficina cutre de análisis genéticos, yo Marta, la tía abierta que no se corta un pelo. Pablo, el nuevo, super tímido, siempre con la cabeza gacha, y Sofia, la cerebrito que hackea ordenadores como si nada y me mira con esos ojos que queman.
Estábamos los tres en el proyecto jodido, apilando carpetas en la sala de archivos. El aire cargado, olor a papel viejo y café rancio. Pablo sudaba, rozándome el brazo al pasar papeles. ‘Perdón, Marta…’, murmuraba, rojo como un tomate. Yo sonreía, notando su paquete tenso contra los pantalones. Sofia, desde el fondo, nos clavaba la mirada, mordiéndose el labio. ‘Pablo, dame esa carpeta… sí, esa que te pone nervioso’, le dijo con voz ronca.
La tensión sube entre carpetas y miradas
La puerta se cerró sola, clic. Espacio privado ya. Nadie en horas, oficina vacía un viernes tarde. Me acerqué a Pablo, le toqué el pecho. ‘Relájate, chato, que se nota lo que te pasa’. Él balbuceó: ‘Eh… Marta, no sé…’. Sofia se pegó por detrás, sus tetas contra mi espalda. ‘Déjalo, Pablo, Marta sabe lo que quiere. Y yo también’. Sus manos bajaron, me desabrocharon la blusa. Pezones duros al aire fresco.
La tensión explotó. Pablo me besó torpe, lengua ansiosa. ‘Joder, Marta, desde el primer día…’. Sofia rio bajito, ‘Shh, calla y fóllanos’. Le bajé los pantalones, su polla saltó dura, venosa, goteando ya. ‘Mira qué pedazo, Pablo’. Sofia se arrodilló primero, chupándola profunda, glups glups, saliva chorreando. Yo me quité la falda, coño mojado palpitando. ‘Venid aquí, cabrones’.
Pablo me tumbó sobre las cajas de archivos, papeles volando. Me abrió las piernas, polla rozando mi clítoris. ‘Entra ya, hostia’. Empujó fuerte, me llenó entera, estirándome. ‘¡Ahhh! Sí, así, fóllame duro’. Sofia se subió encima, coño en mi cara. Lamí su coño depilado, salado, hinchado. ‘Come me bien, puta’, gemía ella, restregándose. Pablo bombardeaba, pla pla pla, huevos golpeando mi culo. Sudor goteando, olor a sexo puro.
El polvo intenso y el regreso al curro
Cambié, monté a Pablo, polla clavada hasta el fondo. Rebotaba, tetas saltando. ‘¡Más fuerte!’. Sofia detrás, dedo en mi culo, luego dos. ‘Relájate, zorra, te voy a romper’. Pablo gruñía, ‘Me corro… no aguanto’. ‘Aguanta, joder, fóllame más’. Sofia se puso a cuatro, Pablo la empaló, yo lamí sus huevos mientras follaba. Ella chillaba: ‘¡Sí, métemela toda, cabrón!’. Yo metí dedos en su culo, él en el mío. Giro total, Pablo en mi boca, sabor a Sofia, tragando profundo hasta la garganta.
Clímax brutal. Pablo explotó en mi coño, leche caliente chorros y chorros, desbordando. ‘¡Joder, sí!’. Sofia se corrió en mi lengua, jugos empapándome la cara. Yo temblé, orgasmo rasgándome, coño contrayéndose. Eh… dios, qué subidón, con el miedo a que entrara alguien.
Jadeando, nos vestimos rápido. Papeles revueltos, olor a semen flotando. ‘Venga, a currar como si nada’, dijo Sofia limpiándose la boca. Pablo, aún pálido: ‘Eh… gracias, chicas’. Yo guiñé: ‘Repetimos, ¿eh?’. Salimos, caras serias, al escritorio. Jefe pasó, ni se mosqueó. Adrenalina máxima, coño palpitando aún. Increíble.