Dios, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Acabo de salir de la oficina, pero mi coño sigue palpitando. Todo empezó hace unas semanas, entre pilas de dossiers y cafés quemados. Leonor y yo somos uña y carne en el curro. Yo, Ana, la rubia despampanante con curvas que no escondo, siempre con faldas ceñidas que marcan el culo. Ella, morena alta y atlética, pelo liso impecable, blusas que insinúan tetas firmes. Nos llaman ‘las inseparables’, reímos en las reuniones hasta que el jefe nos mira mal.
Esa mañana, en la pausa, nos escapamos a la terraza del edificio. Yo sorbo mi café, ella su refresco. ‘Oye, Leonor, eh… no soy lesbi, pero a veces me follo tías. Me pone’. Se queda tiesa, ojos como platos. ‘¿Qué? ¿En serio, Ana? Joder…’. Balbucea, pero no se escandaliza. La miro fijo, nerviosa, jugueteo con el vaso. ‘Sí, joder. Hace tiempo que quería decírtelo. Con una tía es… sensual, caricias lentas, lenguas explorando…’. Bajo la voz, el corazón me late fuerte. Veo cómo traga saliva, cruza las piernas.
La tensión sube entre carpetas y miradas pícaras
Le hablo de tetas, de lamer pezones duros hasta que gimen, de coños calientes chorreando. ‘Me flipa el sabor femenino, el calor de una boca que sabe dónde tocar’. Ella se sonroja, mira alrededor. Nadie nos oye, pero el riesgo me moja ya. ‘¿Y Carlos, el jefe? Te lo has follado alguna vez, ¿no?’. Río bajito. ‘Claro, y me muero por veros juntos. ¿Te mola su polla gorda?’. Silencio largo. Aprieta mi mano. ‘Joder, Ana… quizás’. Ahí lo supe: el pacto estaba hecho. Miradas calientes todo el día, roces ‘accidentales’ en el pasillo.
Llega el momento. Fin de tarde, sala de reuniones vacía. Cerramos la puerta, bajo la persiana a medias. El pulso se acelera, ¿y si alguien entra? Leonor tiembla, yo la beso ya, lengua dentro, manos en sus tetas. ‘Quítate la blusa, puta’. Carlos entra sigiloso, polla ya medio dura en el pantalón. ‘¿Listos para joder?’. Leonor jadea, yo le bajo las bragas. Su coño depilado brilla, clítoris hinchado. Me arrodillo, lamo despacio, saboreo su salado. ‘¡Oh, mierda, Ana!’. Carlos se saca la verga, gruesa, venosa. Leonor la chupa primero, babea, mano en las huevos. Yo me uno, lenguas enredadas en su tronco, alternamos, él gime ronco.
El follón brutal en la sala cerrada
La pongo a cuatro patas sobre la mesa, expedientes volando. Carlos la empotra, polla hundiéndose en su coño chorreante. ‘¡Fóllala fuerte!’. Yo me siento en su cara, ella lame mi raja, lengua en el culo, dedos en mi ano. Grito bajito, tetas rebotando. Cambio: monto a Carlos, su pija me parte, Leonor me come el clítoris. ‘¡Sí, lame mi coño, zorra!’. Sudor, olores a sexo, mesa cruje. Él me azota el culo, rojo ardiendo. Leonor se corre primero, chorros en mi boca. Yo exploto, contracciones follando su lengua. Carlos aguanta, nos pone de rodillas, polla en nuestras caras. ‘Tragaos mi leche’. Nos la metemos a dúo, él eyacula chorros calientes, tragamos, lamemos resto.
Sudados, jadeantes. Minutos después, nos limpiamos rápido con kleenex. ‘Venga, como si nada’. Leonor se arregla el pelo, sonrisa pícara. Carlos cierra el portátil. Salimos, yo cojeando leve, coño dolorido placentero. Mañana, reuniones normales, miradas cómplices. Nadie sospecha. Pero sé que repetiremos. El curro nunca fue tan adictivo.