Uf, chicas, aún tiemblo al recordarlo. Trabajo en una oficina de marketing en Madrid, cubículos abiertos, mucho estrés. Llevaba una semana hecha mierda por la ruptura con mi ex. Comía sola en la zona de descanso, sin ganas de nada. Ayer, oí risas. Dos nuevas, Laura la rubia y Carmen la pelirroja, unos 30 tacos, sentadas en la mesa de al lado. Guapísimas, bronceadas, con esa complicidad que te pone… eh, celosa.
Estaba con mi ensalada, pero no pude evitar mirar. Carmen, de espaldas a mí, se quitó un zapato y su pie desnudo… dios, subía por la pantorrilla de Laura. Dedos finos, uñas rojas, rozando lento la piel. Me entró un calor en el coño que no esperaba. ¿Yo, excitada por tías? Jamás. Pero ahí estaba, fijándome, el vientre ardiendo. Levanté la vista y ¡zas!, las dos me miraban sonriendo. Me puse roja como un tomate, agaché la cabeza. ‘Voy a parecer una pervertida’, pensé.
La tensión sube entre los escritorios y las miradas
Me fui corriendo, pero esa noche… no dormí. Me toqué el coño empapado pensando en ese pie, en sus caras. Me corrí tres veces, gimiendo bajito. Al día siguiente, en la sala de bronceado… digo, de café, cerca de los archivadores. ‘¡Hola! ¿Molestamos?’, dijo Laura, con sandalias de tacón, piernas perfectas. ‘No, pasaos’, balbuceé. Se pusieron al lado, quitándose blusas un poco, pechos firmes asomando. Carmen untó crema en la espalda de Laura, manos resbalando como caricias. Mis pezones se pusieron duros, el coño chorreando bajo la falda.
Charlamos, vinos del almuerzo nos soltaron. ‘Somos pareja, ¿te choca?’, soltó Laura. ‘No… se nota, estáis tan… felices’. ‘¿Nos envidias?’, pinchó Carmen, mirándome fijo. Bajo la mesa, un pie desnudo rozó mi tobillo. Subió lento, por la pierna. ‘Solo pruebo’, guiñó Laura. Cuatro pies ahora, subiendo muslos. Gemí suave, cerrando ojos. ‘Vamos a nuestra sala de reuniones, para el café’, dijo Carmen. Me arrastraron, protestando flojo: ‘Eh, espera…’.
Entramos, cerramos puerta. Me empotraron contra la pared, lenguas en mi boca. Dos a la vez, suave, húmedo. Me derretí, coño palpitando. Me tumbaron en la mesa, quitando ropa despacio. Falda arriba, braga empapada. ‘Déjate llevar, vas a flipar’, susurró Carmen. Descalzaron mis tacones, bocas en pies. Lenguas lamiendo dedos, chupando talones. Nunca… ¡me corrí así! Solo pies, orgasmo brutal, gritando bajito.
El sexo brutal en la sala privada
‘¡Más!’, supliqué. Subieron, besos en orejas, cuello. Se turnaron en tetas, mamando pezones hinchados. Carmen bajó, lamió ombligo, monte de Venus rasurado. Evitó mi coño, rozando muslos. Volvió a pies, subió besando hasta unirse a Laura en mi chocho abierto. Lenguas en clítoris enorme, dedos metiéndose en coño inundado. Dos en el culo, resbalando fácil. Me corrí sin parar, squirtando en sus caras. Ellas se besaban con mi jugo.
Quería más. Atacó a Laura, lamiendo pies perfectos, subiendo a su coño depilado. Carmen se unió, lenguas bailando en clítoris. Horas follando: 69, Carmen metiendo dedos de pie en coño de Laura, yo lamiendo todo, clítoris y ortejones. Anos dilatados, lenguas dentro, dedos follando culos. Sudor, jugos por todos lados. Orgasmos locos, gritando ‘¡joder, me corro!’. Carmen me folló el coño con su pie, lento, profundo, yo chupando tetas de Laura.
Agotadas, jadeando. ‘Venga, a trabajar’, dijo Laura riendo, limpiándose. Nos vestimos rápido, caras rojas. Salimos, como si nada. Yo a mi cubículo, coño palpitando aún, sonrisa tonta. Mañana… ¿repetimos? La adrenalina de casi pillarnos… adictiva.