¡Hola, chicas! Uf, no aguanto más, tengo que soltar esto que me pasó hace dos días en la oficina. Soy Lola, 35 tacos, secretaria en una agencia de marketing. Abierta como soy al sexo, siempre fantaseo con liarla en el curro, ese morbo de que te pillen… Ay, madre.
Era jueves por la noche, quedamos hasta tarde Javier, mi compañero de al lado, y su mujer Ana, que es la jefa de cuentas. Celebrábamos un contrato gordo con unas birras en la sala común. Ana se fue temprano, dijo que tenía jaqueca, nos dejó solos a Javier y a mí con las carpetas del proyecto. La oficina vacía, luces tenues, solo el zumbido de los ordenadores.
La tensión entre los expedientes y las miradas
Empezamos a repasar papeles en su despacho. Él, 40 años, casado pero buenorro, con esa sonrisa pícara. Yo llevaba falda lápiz ajustada y blusa escotada, sin sujetador, mis pezones marcando. Cada vez que me pasaba un dossier, su mano rozaba la mía… o mi muslo. ‘Perdón, Lola’, decía, pero sus ojos se clavaban en mis tetas. Yo sentía el calor subiendo, mi coño empezaba a humedecerse. ‘No pasa nada, Javier… sigue’, le susurraba, mordiéndome el labio. Miradas largas, eh… como si nos comiéramos. El aire cargado, olor a su colonia mezclada con cerveza. Me acerqué más, fingiendo ver un gráfico, y mi teta rozó su brazo. Él tragó saliva, se le notaba la polla endureciéndose bajo los pantalones.
De repente, ‘Venga, vamos a la salita de atrás, más tranquila’, dijo. Cerramos la puerta, pero no eché el pestillo del todo… el riesgo, ¿sabéis? Ahí, entre archivadores, la cosa explotó. Tropecé con una caja, caí sobre el sofá viejo. Él vino a ayudarme, pero se tropezó también, acabó encima mío. Mi falda se subió, mi tanga roja de encaje al aire, mi coño depilado asomando, ya mojado. ‘Joder, Lola, qué culazo…’, murmuró, con la polla tiesa presionando mi pierna.
Le quité la camisa torpe, sudada. ‘Quítate eso, cabrón’, le dije, bajándole el pantalón. ¡Zas! Su polla saltó, gorda, venosa, cabezota roja hinchada, como 20 cm. Me quedé mirándola, babeando. ‘Mmm, toda la noche fantaseando con esta verga…’. Me arranqué la blusa, tetas libres, pezones duros. Me puse a cuatro, pero no, lo empujé al sofá y me subí encima. Le agarré la polla, la sacudí. ‘¿Te mola mi coño, eh? Míralo, chorreando por ti’. Se la metí en la boca un segundo, saliva goteando, sabor salado.
El polvo crudo e intenso sin frenos
Me encajé de golpe. ‘¡Aaaah!’, gemí bajito. Su polla abriéndome el coño, estirándome las paredes, hasta el fondo. Caliente, palpitante. Empecé a cabalgar, vaivén lento al principio. ‘Joder, qué prieta estás, Lola… mejor que el coño de Ana’. Aceleré, mis tetas botando, sudor resbalando por mi espalda. Él me agarraba las caderas, clavándome los dedos, embistiéndome desde abajo. ‘Fóllame más fuerte, métemela hasta el útero’, le suplicaba, mordiéndome la mano para no gritar. El sofá crujía, plof plof de mi culo contra sus muslos. Olor a sexo, mi cyprine chorreando por sus huevos peludos.
Me giré, polla aún dentro, en reversa. ‘Mira cómo te trago la verga entera’. Rebotaba como loca, su glande golpeando mi punto G. ‘¡Me corro, joder!’, chilló él primero, pero aguantó. Me metió un dedo en el culo, girándolo. ‘¡Sí, rómpeme el ojete!’. Orgasmos en cadena: yo primero, coño contrayéndose, squirtando jugos calientes sobre su pubis. ‘¡Aaaah, sí, cabrón!’. Él explotó, lechada espesa inundándome, saliendo a chorros por los lados, pegajosa. ‘Toma mi leche, puta de oficina’. Besos babosos, lenguas enredadas, temblando.
Uf… nos separamos despacio. Polla flácida goteando restos blancos. Limpié con kleenex, me bajé la falda, él se subió el pantalón. ‘Ni una palabra, ¿eh?’, guiñó. Regresamos a nuestros sitios, como si nada. Mañana, Javier me pasa un café, Ana pregunta por el proyecto… Sonrisitas cómplices. Mi coño aún palpita recordándolo. ¿Repetimos? Ay, el curro nunca fue tan excitante.