Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajo en una oficina de seguros, rodeada de papeles y tíos aburridos. Pero con Pablo… uf, ese cabrón me pone a mil. Llevamos meses con esto, miraditas por encima de los dossiers, roces ‘accidentales’ al pasar el café. Él es el jefe de ventas, yo la secretaria que organiza todo. Hoy, viernes tarde, la oficina casi vacía. ‘Maria, ven a la sala de reuniones, revisamos el informe del trimestre’, me dice por el móvil interno. Su voz… ronca, como si ya supiera.
Entro, cierro la puerta. Él está ahí, corbata floja, mangas arremangadas. ‘Siéntate’, murmura, pero sus ojos me recorren las tetas bajo la blusa. Empezamos con los papeles, pero sus rodillas rozan las mías bajo la mesa. ‘Pablo… alguien puede entrar’, susurro, mordiéndome el labio. Él sonríe, malvado. ‘Cállate y abre las piernas’. Dios, el corazón me late fuerte. Saco el boli, finjo escribir, pero él mete la mano por mi falda. Dedos ásperos subiendo el muslo, tocando el tanga ya mojado. ‘Estás chorreando, puta’, dice bajito. Yo gimo suave, miro la puerta. La adrenalina… joder, me encanta el riesgo.
La tensión sube entre los expedientes
De repente, me agarra la muñeca. ‘Quítate la blusa’. Tetas al aire, pezones duros. Saca una corbata del bolsillo, me ata las manos a la silla. ‘Hoy vas a ser mi prisionera’. Me besa el cuello, salado de sudor, mordisquea el lóbulo. Su polla ya dura contra mi rodilla. La sala huele a papel viejo y a mi coño excitado. ‘Pablo, por favor… fóllame ya’. Él ríe, baja mi falda y tanga. Piernas abiertas, coño expuesto sobre la mesa de cristal. Mete dos dedos, revuelve. ‘Mira cómo te abres, cerda’. Yo jadeo, ‘Sí, más… hazme daño’.
Me desata rápido, me tumba boca arriba en la mesa. Brazos arriba, atados al respaldo con su cinturón. Piernas dobladas, tobillos a muslos con cables de los folios. Tetas apretadas con otra corbata, hinchadas, rojas. Pone pinzas en los pezones, duele delicioso. ‘Grita y te oyen’, amenaza. Me enchufa un plug en el culo, lo lubrico con mi saliva. ‘Empújalo, zorra’. Entra, me llena. Luego un vibrador en el coño, lo enciende bajo. Tiemblo entera. Él se baja los pantalones, polla gorda, venosa, goteando. ‘Chúpala’. Boca abierta, la engullo. Sabrosa, salada. Me folla la garganta, babeo por la barbilla.
El polvo brutal y la despedida discreta
‘Ahora tu turno de sufrir’. Apaga todo, quita pinzas, chupa tetas doloridas. Lengua en el clítoris, hinchado como una polla pequeña. ‘¡Joder, lame mi botón!’. Me corro gritando bajito, coño chorreando. Él empuja la polla, ‘Toma, puta de oficina’. Entra de un golpe, polla gruesa abriéndome. Folla duro, mesa cruje. ‘Siente cómo te parto el coño’. Bolas golpean el plug, doble placer. ‘¡Más fuerte, rómpeme!’. Acelera, sudor gotea en mis tetas. Me corro otra vez, ‘¡Me vengo, cabrón!’. Él gruñe, ‘Abre la boca’. Saco lengua, leche caliente chorrea garganta. Trago, obsceno.
Jadeamos. Me desata, plug sale con pop. Limpio con kleenex, olor a sexo impregna. ‘Vístete, en cinco minutos reunión’. Sonrío, tetas aún rojas. Salimos, él delante, yo atrás. Regreso a mi mesa, piernas flojas, coño palpitando. Nadie nota nada. ‘¿Todo bien, Maria?’, pregunta la jefa. ‘Sí, perfecto’, miento, sonriendo. Adentro, la adrenalina aún corre. Mañana… ¿repetimos?