Eran las siete y pico, la oficina casi vacía. Yo, con mi falda lápiz ajustada, rebuscando en los archivadores del fondo. El jefe, Carlos, alto, con esa barba de tres días que me pone… y la nueva, Marta, esa morenita con tetas grandes y culo redondo que no para de mirarme. ‘¿Necesitas ayuda?’, me dice él, acercándose demasiado. Su aliento huele a café, su mano roza mi cintura. ‘Eeeh, sí, este expediente…’. Marta se une, ‘Yo también busco lo mismo’. Sus ojos, joder, brillan. Nos metemos en el despacho del jefe, cierra la puerta con llave. Clic. El corazón me late fuerte. ‘Aquí está’, dice él, pero nadie se mueve. Miradas cruzadas, sonrisas torcidas. Siento el calor subiendo, mis bragas ya húmedas. Él me agarra la cadera, ‘Siempre tan eficiente, Ana’. Marta ríe bajito, se muerde el labio. ‘¿Y si nos pillan?’, susurro. ‘Eso es lo que mola’, responde él, su polla ya dura contra mi muslo.
La puerta cerrada, luces tenues. Carlos me besa el cuello, mordisquea mi oreja. ‘Joder, qué ganas tenía’. Sus manos suben por mi falda, dedos gruesos rozan mi coño por encima de las bragas. ‘Estás empapada, puta’. Marta se pega por detrás, sus tetas aplastadas contra mi espalda. ‘Déjame probar’, dice, bajando mi cremallera. Mi blusa vuela, sujetador al suelo. Él me chupa los pezones, duros como piedras, mientras ella mete mano en mis bragas. ‘Qué coñito tan rico, Ana…’. Gimo, eeeh, sí… La mesa llena de papeles cruje cuando me sube encima. Carlos se baja los pantalones, su polla gorda, venosa, salta libre. ‘Chúpala’, ordena. Me arrodillo, la engullo, saliva chorreando, bolas en mi mano. Marta se quita la falda, se toca el clítoris mirándonos. ‘Fóllatela ya’, le dice a él. Él me pone a cuatro patas sobre la mesa, escupe en mi coño y mete la polla de un empujón. ‘¡Ahhh, joder!’. Bombeos fuertes, mis tetas rebotan, papeles volando. Marta se sube la mesa, abre las piernas: ‘Mi turno’. Le meto la lengua en el coño, sabe a miel y sudor, clítoris hinchado. Carlos me folla más hondo, ‘Toma, zorra de oficina’. Cambio: él la pone contra la pared, la penetra salvaje, tetas saltando. Yo le meto dedos en el culo a él mientras la besa. ‘¡Voy a correrme!’, grita ella. Chorros en su coño, él sale y me la mete a mí, semen caliente llenándome. Grito, orgasmo brutal, piernas temblando. Sudor, olor a sexo por todas partes.
La tensión sube entre carpetas y miradas
Respiramos agitados. ‘Joder, qué pasada’, dice él, limpiándose la polla con un kleenex. Marta se viste rápido, ‘Nadie se ha enterado’. Recogemos papeles, enderezamos la mesa. Yo me pongo las bragas, aún goteando semen. ‘Volved al curro como si nada’, guiña él. Salimos, luces normales. ‘Buenas noches, jefe’, digo con sonrisa inocente. En mi mesa, sigo tecleando informes, coño palpitando, sonrisa pícara. Mañana, más tensión…