Dios, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Trabajaba en esa oficina cutre del centro, papeleo hasta las tantas. Miguel, mi compañero de al lado, eh… siempre con esa mirada que quema. Pelo revuelto, camisa ajustada marcando pecho. Yo, con mi falda lápiz y blusa escotada, sintiendo sus ojos en mis tetas cada vez que me inclinaba sobre los dossiers.
Era viernes tarde, casi todos se habían pirado. Nosotros dos solos revisando facturas. ‘Oye, María, pasa esa carpeta’, dice él, voz ronca. Le miro, sonrío. Nuestras manos se rozan. Electricidad, joder. Siento el calor subiendo por mi coño. Él se acerca, ‘Estás muy buena hoy’, susurra. Yo, nerviosa pero cachonda, ‘Cállate, que nos pillan’. Pero no me aparto. Al contrario, aprieto el muslo contra el suyo.
La tensión sube entre expedientes y miradas
El aire se pone denso. Olía a café rancio y su colonia fuerte, masculina. Sus ojos bajan a mi escote, veo cómo se le pone dura la polla bajo los pantalones. ‘Vamos a la sala de atrás’, dice, agarrándome la mano. Corazón a mil. La puerta se cierra, click. Espacio privado por fin. Luz tenue de una lámpara vieja. Archivos por todos lados. ‘Aquí nadie nos oye’, murmura, y me empuja contra la pared.
Sus labios en mi cuello, mordiendo suave. Gimo bajito, ‘Miguel, joder…’. Manos por todas partes. Me sube la falda, dedos en mis bragas. ‘Estás empapada, puta’, ríe. Sí, mi coño chorreaba ya. Le beso fuerte, lengua dentro, saboreando su boca. Le bajo la cremallera, saco esa polla gorda, venosa, tiesa como una barra. ‘Mmm, qué polla más rica’, digo, acariciándola.
El polvo intenso y la vuelta al curro
Me arrodillo, no aguanto. La meto en la boca, chupando fuerte. Glups, glups, saliva por todos lados. Él gime, ‘Joder, María, qué boca’. Le miro con ojos de zorra, tragándomela hasta la garganta. Pero quiero más. Me levanto, me quito las bragas de un tirón. ‘Fóllame ya’, ordeno. Él me da la vuelta, contra el archivador. Polla en mi coño de un empujón. ‘¡Ahhh!’, grito suave. Entra hasta el fondo, reventándome.
Empieza a bombear, brutal. Plaf, plaf, contra mi culo. Mis tetas botando, saqué una para que la manosee. ‘Pellízcame los pezones, cabrón’. Él obedece, fuerte. Mi coño aprieta su polla, jugos bajando por las piernas. ‘Más rápido, fóllame como una perra’. Sudor, olor a sexo puro. Me corro primero, temblores, ‘¡Me vengo, joder!’. Él no para, me agarra el pelo, empuja como loco. ‘Te voy a llenar el coño’, gruñe. Siento su leche caliente explotando dentro, chorros y chorros.
Nos quedamos jadeando, pegados. ‘Ha sido… increíble’, dice él, besándome. Yo sonrío, coño goteando semen. Nos arreglamos rápido. Falda abajo, bragas puestas con la corrida dentro. Cremallera arriba. Salimos, caras serias. ‘Venga, a seguir con los papeles’, digo como si nada. Él asiente, guiña ojo. Volvemos a los escritorios, pulsos acelerados. Nadie nota nada. Pero yo, todo el día sintiendo su semen en mis bragas, recordando esa follada salvaje. Adrenalina pura, el miedo a ser pillados… me pone a mil. Quiero más.